jueves, 2 de octubre de 2014

El golazo de Juan Pablo Ángel

Pocos entornos son más machistas que el fútbol, ser goleador y diestro con el balón es la más simple forma de demostrar la virilidad para cientos de niños. Hace pocos días conocimos que el matoneo acabó con la vida de un joven homosexual, a Sergio Urrego las directivas de su colegio lo acosaron tanto que decidió que era más fácil descansar. En esta semana, tuvimos que ver cómo las redes sociales se invadían de mensajes en contra de Gerónimo Ángel por tener una expresión de género poco común: aceptó en televisión que le gusta cantar y bailar, actividades a las que ha dedicado buena parte de su vida.

La historia de Gerónimo Ángel es la de cientos de artistas que son tachados de “maricas” o “locas” porque prefieren dedicarse a las actividades que nuestra sociedad ha preferido para las mujeres. Su caso habría sido uno más pero salió en televisión y resultó ser el hijo de un famoso jugador, vaya ironía, de fútbol.

En un video transmitido en prime-time Gerónimo reconoció que le debía todo al fútbol y que para él habría sido más fácil brillar en las canchas, tenía todos los contactos y el mejor entrenador posible. Sin embargo, él decidió que quería ser cantante y bailarín, su padre en lugar de “intentar corregirlo” le dio todo su apoyo y, nuevamente, en televisión nacional reconoció que lo más importante era garantizar la felicidad de Gerónimo.

El ejemplo de Juan Pablo Ángel tiene un valor simbólico altísimo, él paisa y futbolista, demostró que no hay que jugar fútbol para estar bien, que no había que emular sus pasos, que valía más el libre desarrollo de su hijo. Ángel ganó el partido más importante de su vida, el que debió enfrentarlo a los estereotipos y las presiones sociales.

Y entonces debió enfrentarse a una cantidad de personas, encabezadas por el periodista Adolfo Zableh, que pretendieron desprestigiar las decisiones de su hijo y el apoyo de la familia. Leer que la presentación de Gerónimo no era juzgada por su capacidad para cantar sino por su supuesta homosexual, como si ser gay fuera un motivo para recibir críticas.


Aplausos y aplomo para Juan Pablo Ángel, ese ejemplo que le dio a miles de papás televidentes es más valioso que las críticas de aquellos que creen que hay unos comportamientos normales para niños y otros para las niñas. 

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