jueves, 14 de marzo de 2013

Ahí estaba ella


Ahí estaba ella, subiendo a un bus cuyo destino no conocía. Un bus grande, con olores fuertes y sillas incómodas. Pero que discretamente la hacían sentir libre.

Ahí estaba ella, sentada en el único banco del único parque del pueblo al que había llegado. Las pocas personas que allí estaban, caminaban con calma mientras la observaban. No llevaba ninguna maleta, ningún abrigo; sólo un cuadernito de hojas rayadas y amarillas. Todavía recuerda con cariño ese momento; todavía recuerda dejar de sentirse invisible.  

Pasaba el día casi sin pronunciar palabra. Encontró que había mejores formas de comunicarse, al darse cuenta que todos son pequeños detalles de una misma historia, que tienen versiones propias, reducciones arbitrarias en la versión que cuenta uno. 

Empezó a recorrer todas las calles del pueblo. No demoró mucho, las calles no llegaban más allá del número seis y las carreras se estancaban en el tres. Aprendió a caminar de nuevo. Había encontrado una pequeña habitación para dormir en la casona de una señora que también había llegado a ese pueblo para esconderse. Qué poético, pensaba. Tal vez todas las historias están conectadas de maneras que no alcanzamos a entender y que sólo vemos como una casualidad. 

Había llegado allí para ser parte del olvido de otro.  Ahí sigue ella.

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Gracias a Laura por esta historia

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