viernes, 15 de marzo de 2013

Un bello tropiezo


La noche se acercaba y el cielo empezaba a dejar las nubes  naranja y  rosa, una mezcla de colores que solo al cielo le quedaba bien, se fundían con las copas de los árboles con ese verde intenso pero tranquilo  que te hacía sentir en la realidad y no en un sueño; mientras tanto  el viento hacia que su pelo tomar formas extrañas pero armónicas y difundía su olor sobre toda la orilla del lago, era una especie de ilusión creada por el universo para hacerme sentir pequeño, loco, feliz y tal vez un poco morboso.  Ella pasó un mechón de pelo detrás de su oreja y sonrió al ver en agua una pequeña rencilla entre dos patos, recordaba como ella también a veces había tenido tantas discusiones solo por el gusto de ver a otro enojado o por el simple hecho de no caer en el aburrimiento.

Su vida no era sencilla pero eso no implicaba que no pudiera disfrutar de los pequeños placeres que existían, si había decidido ir allí era para eso para disfrutar algo durante el día y esa leve sonrisa que dibujaban sus labios eran la prueba que había logrado su cometido, ahora había olvidado todo lo que era su pasado hasta el instante en que se quitó los zapatos para sentir el césped entre sus dedos y se dedicó a observar el caos armónico que tenía como paisaje frente a ella; si muchas veces los recuerdos trataban en su fuero interno de apoderarse de la situación pero había logrado ser fuerte ante ellos, pues de nada serviría salir a pasear  si  seguía recordando por qué se sentía triste. De repente un suspiro inesperado y todas las imágenes que podía recordar de su vida pasaron rente a ella, sin desdibujar su sonrisa un par de lágrimas brotaron de sus ojos.

Yo suspire junto a ella y decidí que eso sería todo por hoy, recogí los pinceles y los limpie cuidadosamente, no quería que las herramientas con la cuales contaba esta historia se estropearan, cerré las pinturas fuertemente pues ellas contenían un universo el cual no quería derramar y  me senté junto a un árbol a esperar que se secara el que posiblemente sería mi último cuento; cerré los ojos para sentir los ultimo tibios rayos de sol de este día y empecé a recordar como la había conocido a ella.

Me encontraba caminando por una calle y tropecé con un bolardo (acto seguido maldije cierto alcalde) que no había visto, como estaba tomando café lo que no se metió de él entre mi ropa terminó en el suelo; escuché una risa sin ganas indicando una frase contenida en ella  “qué tipo más torpe”, levanté la cara en busca de quien se burlaba de mi para poder arrojar una mirada asesina pero no lo hice al ver un hermoso rosto con untos tristes  ojos , unas mejillas con lágrimas secas y una sonrisa dibujada en unos labios finos. No puede decir nada pues había quedado en un extraño shock, me recompuse lo mejor que puede,  seguí mi camino y no volví a saber nada más de ella pero sabía que con eso me bastaría para recordarla siempre y ahora casi que la inmortalizaba en una de mis historias. Esa fue era la primera y probablemente última vez que sentí que mi torpeza para caminar existiera, pues había hecho sonreír a alguien que se encontraba triste.

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La única persona que ha escrito una canción para mí, escribió este bello cuento. Gracias Edwin.

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