domingo, 15 de marzo de 2015

Regazo

Por un momento quería que la Tierra dejara de moverse tan rápido, que los sonidos estallaran en mi cabeza como si no hubiera mañana, que las luces fueran tan claras y los olores a mi alrededor tan poderosos. No era la primera vez, por supuesto, que me sentía liberado al sentir como aquella pepita hacía efecto en mi interior, esta vez, había llegado demasiado lejos.

Te dije al oído que necesitaba salir de ahí o iba a vomitar el pelo brillante de la mona que se balanceaba adelante mío. Me dijiste que una canción más, fue la última. El tiempo preciso para caminar, salir del tumulto, escuchar conversaciones ridículas y propuestas indecentes. El pasto, dónde estaba ese maldito pasto. Corrí, necesitaba quitarme todo de encima. No me empeloté pero ganas no me hicieron falta.

Me dejaste divagar un par de minutos, cuántos fueron, 10 o 15 o 60, no me acuerdo. Llegué a tu lado cansado y jadeante, me tomaste de la mano y te sentaste. Me recosté en tus piernas y dormí. Soñé contigo, con tus besos y tus palabras. Me desperté listo para volver.

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