domingo, 28 de abril de 2013

En el lado correcto de la historia

No había querido hablar del matrimonio igualitario, antes de me parecía prematuro, después se me hizo oportunista. De pronto llegué al asunto tarde. Lo cierto es que los que apoyamos la igualdad estamos en el lado correcto de la historia, por supuesto, el actual Congreso difícilmente aprobará el matrimonio igualitario, porque hay muchos godos, porque estamos muy cerca a las elecciones, porque es un tema que a los viejos no les toca y a los jóvenes les da miedo. 

Y digo que estamos en el lado correcto de la historia porque siempre pasa lo mismo, los cristianos, que son mayoría, asumen unas verdades a medias y las quieren volver dogma. Hace 300 años, la mayoría de los cristianos creían que los indígenas no tenían alma y por eso los podían cazar (esa creencia estuvo arraigada en gran parte de la población hasta entrado el siglo XX). Hace 200 años, la mayoría creía que los negros no eran iguales "si Dios los hizo de color diferente, por qué salvaguardar sus derechos", decían, y se equivocaron, hoy nadie, ni el más troglodita es capaz de defender la esclavitud. Hace 100 años, eran las mujeres, las inferiores, las que no podían heredar, ni graduarse del colegio, ni pensar en la universidad o el voto. 

Sí, esa mayoría gobernó con unos argumentos débiles, tanto que la historia los venció. Y esta vez también los va a vencer. Primero porque cada día somos los más los políticos que abiertamente decimos que somos LGBTI. Segundo, porque cada día más gente, en Colombia y en el mundo, va a la universidad, abre sus ojos, tiene amigos gays, amigas lesbianas y conoce una o un trans. Tercero, porque el Estado de Derecho siempre se impone sobre el estado eclesiástico. Cuarto, y tal vez último, porque cada día va a ser más difícil querer ser un país emergente con prácticas de uno sumido en el subdesarrollo.

La misma Biblia, que con ahínco citaron senadores en el debate, dice que a los hijos desobedientes hay que apalearlos, que a los hombres y mujeres adúlteros hay que apedrearlos, que a quienes se hagan la paja toca destruirlos. ¿Acaso en Colombia el adulterio está prohibido? ¿No se jactan esos senadores fervientemente católicos de ir a donde "las necias"? ¿Habrán cogido a palos a un hijo cuando no hace la tarea o se escapa en el carro? ¿En Colombia está prohibida la masturbación?

La pregunta que tenemos que hacernos es ¿en qué clase de país queremos vivir? Los que están en el lado equivocado de la historia parecen preferir uno donde los indígenas no tengan alma y los afrodescendientes sean propiedad privada, esos mismos quieren acabar con la diferencia y atacar la vida reconociendo las diferencias. Nosotros, los que estamos en el lado correcto de la historia queremos que ellos que piensan diferente a nosotros puedan decirlo y votarlo pero que se enmarquen en los principios básicos de nuestro ordenamiento, la Constitución Política. 

No es para menos, nadie nos impuso la del 91, la construimos todos, después de lanzar un grito desesperado en contra de la guerra y la muerte. La del 91 ha gobernado a trompicones porque todavía hay aquellos que quieren volver a vivir en la anterior. Nosotros, los que estamos en el lado correcto de la historia somos de dos tipos: crecimos bajo la cobija del 91 y queremos gobernar con ella o a tiempo se dieron cuenta de que el país había cambiado y tocaba gobernar diferente.

Termino con una sentida felicitación a Martha Cuéllar por ese discurso tan bonito, a Luis Fernando Velasco, a Armando Benedetti y a Ángela María Robledo por esa férrea defensa de la igualdad. Quiero dejar constancia de los 17 senadores que votaron por el sí Los que dijeron sí: Avellaneda, Benedetti, Arleth Casado, Cristo, Cuéllar, Jaime Durán, Galán, García, Hemel Hurtado, Jorge Londoño, Eugenio Prieto, Gloria Ramírez, Robledo, Romero, Sánchez, Sudarsky, Velasco. 

La ñapa, a toda la gente que hace parte de Comité para la Aprobación del Matrimonio Igualitario (Marcela, Manuel, Elizabeth, Angélica, Ricardo, Elkin, Laura, Miguel, Diana, Marina, Blanca y los que no conozco), gracias, muchas gracias. 

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