lunes, 18 de marzo de 2013

Mejor como amigos


Como muchas cosas en mi vida, siempre me ha gustado acompañarlas con canciones. De ahí el título de este relato. Originalmente interpretada por Ray Charles http://youtu.be/L-5LwRinkJ0 

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Era domingo. Desperté casi a las 10 de la mañana, con dolor de cabeza y sintiendo la garganta reseca. Miré el celular para asegurarme de la hora y en ese momento vi que la noche anterior lo había llamado y que duramos casi 10 minutos hablando. Traté de recordar, mas fue un esfuerzo infructuoso. Supuse entonces que el amigo con el que estaba tomando esa noche sí sabría algo, pero sólo acertó a decirme que en algún momento yo le había dicho a él que era el amor de mi vida y que lo adoraba.

Como si fuese la primera vez que lo intentaba. Aún hoy recuerdo esa tarde de sábado hace casi 4 años cuando lo conocí: el tiempo extra que esperé mientras salía de trabajar, luego ir a almorzar y tomar tinto, la conversación que versó sobre múltiples cosas, la luz de esa tarde y los cerros de Suba de fondo, el viaje por Transmilenio que alargamos para poder seguir hablando. Sobre todo, recuerdo esa mirada cuando nos despedimos, el abrazo que le di esa noche y el olor de su cuerpo que siempre identifiqué con la vainilla.

Así pasaron nuestros primeros encuentros, hasta que plantee la pregunta un viernes: “¿Quieres algo conmigo?” Él se quedó en silencio un momento, y luego me dijo que agradecía los momentos que habíamos pasado, pero que no sabía qué responder. Yo seguí hablando de otra cosa. Al otro día nos vimos de nuevo y me dijo que no, que se sentía bien conmigo, pero que era mejor quedar “sólo como amigos”. Yo dije que entendía y que no había problema alguno.

De esa manera empezó una especie de ciclo perverso que se prolongó por todo este tiempo. Él conocía a alguien, veía que las cosas al principio pintaban bien y luego todo se esfumaba; en ese punto entraba yo, a dar consuelo y apoyo moral, mientras escuchábamos alguna canción y comíamos algo que servía como una suerte de placebo para ambos. Hubo otros días más aciagos, en que las cosas se pusieron más difíciles en la vida de cada uno, sin embargo, siempre la mano del uno estuvo extendida para que el otro se levantara de nuevo.

Todo este tiempo resonó en mi cabeza la canción de Ray Charles “You Don´t Know Me”, porque él nunca conoció que incluso cuando procuré salir con alguien más para sacarlo de la cabeza – eso nunca funciona –, incluso cuando besaba o tenía sexo con alguien más, incluso ahí las imágenes con él venían a mi mente; tanto así, que en más de una ocasión terminé confundiendo nombres. Todo eso pasó mientras lo vi irse “beside the lucky guy” mientras tomaba mi propia distancia.

Hace poco pude verlo de nuevo, pero a la alegría inicial siguió cierta desazón. Después de esa llamada, de mis lamentables intentos por pedir disculpas y de sus evasivas simplemente es hora de cerrar los ciclos y muy probablemente de hacer que otras músicas suenen en mi vida.

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