sábado, 14 de marzo de 2009

La Flaca

Decía Jarabe de Palo que la flaca dormía de día para bajar a la tasca en la noche y bailar y bailar. Juliana, la flaca, no puede dormir de día porque vive escribiendo, preocupada por su comida, ajustando sus horarios y apoyando a sus amigos. Juliana, la flaca, es una de esas mujeres que en los momentos de depresión siempre tiene palabras de aliento y no escatima esfuerzos para decir verdades que muchas veces no queremos escuchar.

Juliana, la flaca, fue la que me llevó a los caminos del profeminismo. Gracias a ella conocí a gente maravillosa. Juliana, la flaca, me hizo encontrar nuevos caminos, me ayudó a abrir la mente y el cuerpo. Con Juliana, la flaca, descubrí que soy diferente y mejor.

El caso es que también era tiempo de escribir de Juliana, la flaca, porque ya El Bayabuyiba está casi cumpliendo años, mañana será el primer cumpleaños de este espacio y como Juliana, la flaca, fue una de sus primeras lectoras y una de sus más consecuentes críticas pues qué mejor forma de empezar a celebrar el cumpleaños que haciendo alusión a la bella delgadez de Juliana, la flaca.

Quién mejor para hablar de la hermosura de una persona delgada que yo mismo. Al igual que Juliana, la flaca, tengo el placer de verme al espejo y contar algunas de mis costillas. Juliana, la flaca, debe sentir el mismo placer de no saber que es la grasa en el cuerpo, nada de celulitis o cosas por el estilo.

Me imagino a Juliana desnuda con unas piernas delgadas, que se alargan por efecto visual, con un par de músculos que se ven no porque vaya mucho al gimnasio sino porque van forraditos, al lado de los huesos, con la piel suave y tersa. La veo con los huesitos haciendo las veces de curvas en su figura. Visualizo unos brazos que acarician unas protuberantes clavículas, un hermoso cuello (estas dos últimas cosas las he visto y me he recostado en ellas), unos salidos omoplatos. Juliana, la flaca debe poder darse abrazos a sí misma y tocarse las puntas de los dedos atrás de la espalda.

Juliana, la flaca, debe mover esas caderas muy bien, debe poder medir su cintura con algo de menos de 50 centímetros y comer todo lo que se le da la gana con la sonrisa interior que produce saber que nada engorda. Juliana, la flaca, debe tener un metabolismo rápido, debe tomar litros de agua, dormir como un lirón, incomodar a quien ofrece sus piernas para sentarse porque sus huesos tallan en los muslos del otro. Juliana, la flaca, debe ser feliz, porque en esta sociedad no se aceptan los gordos y se idolatran la delgadez extrema.

2 comentarios:

  1. Cómo está Rodrigo. Me he tomado la libertad de agregarle a mi blog. Espero lo visite.

    ¡Vemos!

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  2. Hola Mi Amor!!!
    Aquí estoy..
    Me encanta tu estilo...
    te puse en mi lista de blogs....
    see ya
    beso

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