jueves, 24 de enero de 2013

Murió



Murió, con la misma facilidad con la que se había sentado, con la misma firmeza con la que había peleado, con el mismo desconsuelo con el que había tomado la última copa de vino. Murió, sus últimas palabras fueron de odio. Murió, estaba exhausta, la última hora la había gastado gritando improperios en contra del hombre que decía amar pero que cada noche la aborrecía a su lado.

Murió, y su última escena había sido esa horrible pelea, después de tanto tiempo ninguno de los dos quedó con energía para vivir, él a su lado, ella para siempre. Murió, murió fácil y rápido, recostada contra el gigantesco espaldar de esa odiosa cama que tanto tiempo habían compartido. Murió, sentada con una copa en la mano.

Murió, después de poner el alma en paz, de decir lo indecible y de hacer lo imposible. Se quedó pasmada, mirando al techo y de repente un profundo dolor la consumió, un último gemido se quedó atorado en su garganta, mientras sus pupilas se dilataban completamente y por su frente corría una gota de sudor. Exhaló fuerte, se echó un peo y en su mente maldijo no haber peleado antes, no haber muerto antes.

Murió

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