martes, 18 de junio de 2013

El gigante ¿despertó?

He insistido desde hace mucho tiempo que Brasil tiene un modelo económico basado en la publicidad más que en la verdad. En efecto, unos 30 millones de personas salieron de la pobreza, la pregunta es cómo. En efecto, el país le ha apostado desde hace tiempo al pleno empleo y a la protección de la producción nacional. En efecto, Brasil ha devastado la selva amazónica y movido montañas y ríos para volver productivo su desierto nororiental. En efecto, hay cambios para los que vamos con frecuencia pero lo podemos ver con el ojo acusador externo.

Brasil tiene un sistema de estratos sociales parecido al de Colombia, mientras nosotros tenemos 1, 2, 3, 4, 5 y 6, donde 1 es el más bajo (en general en condiciones de indigencia), 2 es lo que llamaríamos pobreza, 3 es clase media baja (con bajas posibilidades de ascender y muchas de descender), 4 es clase media, 5 es clase media con niveles altos de calidad de vida y el 6 es la gente rica, obscenamente rica. En Brasil, el sistema funciona de manera parecida con clases A, B, C, D, E, F y H. Del mismo modo, H es la peor de todas y A (que está subdividida en A1 para obscenamente ricos y A2 para gente rica que no tiene helicóptero parqueado en la casa) es la mejor.

El problema de las actuales protestas no son R$0,20 que le cobraron de más a los buses, eso es apenas el catalizador. Lo que hizo que los brasileños salieran a la calle es que la nueva clase media (que salió de clase D para clase C) ya no quiere los servicios mediocres del Estado, no quiere limosnas educativas y de salud, no quiere infraestructura obsoleta y destruida. Por supuesto, es un llamado a acabar con la corrupción y la desidia.

-¿Quiénes son los manifestantes?-, -La gente pobre, manden la Policía-, debió ser la reacción de los políticos paulistas y cariocas. Lo vimos, la represión en contra de unos jóvenes que se lanzaron a la calle a quejarse por los pésimos servicios públicos brasileños. -¿Quiénes son los manifestantes?- debió preguntar Dilma camino al estadio de Brasília, -los mismos de siempre, deben ser 'Sem Terra'-, le debieron responder justo antes de ser abucheada por la acaudalada población que fue a la inauguración de la Copa Confederaciones.

No, resultó que no eran solo los pobres, todos los barrios de Sao Paulo están invadidos por banderas blancas en las ventanas que apoyan la protesta. No, no eran solo los jóvenes, cientos de familias enteras han salido a protestar. No, no hay políticos (graças a deus!), son protestas colectivas. No, no hubo respuesta, nadie sabe qué hacer, el viernes pasado la policía paralizó la Av. Paulista para que los manifestantes no cerraran el tránsito (brillante el coronel que mando hacer eso).

La respuesta política ha sido peor que pasar un día en el aeropuerto de Guarulhos. Por supuesto, unos políticos son más inteligentes que otros. Lula parece haber perdido la cabeza, fue a decir que el gobierno de Dilma tiene que abrir conversaciones ¿Con quién? Si todos son una masa deforme. Dilma no ha podido salir a abrir su bocota con miedo a que la vuelvan a abuchear y manda a decir con sus ministros que "no saben muy bien cómo reaccionar". Campos, el gobernador de Pernambuco posible candidato presidencial ya bajó las tarifas que subió en enero y que no habían generado caos en Recife (zorro, ese señor le va a quitar el poder al PT).

El caos no le pudo llegar en un peor momento a Dilma: la inflación disparada, la actividad económica estancada, los evangélicos ahorcando al gobierno que ayudaron a elegir y la organización de dos eventos internacionales que parecen el colmo del desfalco y la desfachatez. El gobierno, tranquilo porque sus nuevos ricos lo iban a apoyar está muerto del terror de ver cómo esos que ayudaron a salir adelante ahora les cobran y exigen cada día más, la clase C resultó ser la que más pide equidad y desarrollo. Los evangélicos, que ya hicieron que Dilma no saliera del clóset a apoyar el matrimonio igualitario o el aborto, le recuerdan al PT que son la mayor fuerza legislativa: cuidadito con no darles palo y plomo, no hay mayor principio cristiano radical latino que la represión y la exclusión.

-¿Votarán esos niños?-, preguntó Dilma desde Planalto, -no, no señora-, respondió Marco Feliciano, los votos son nuestros. Tranquilos todos, el país sigue siendo "o mais grande do mundo". Respondo al título, no el gigante no despertó, lo despertaron. Se levantó de mal humor, como uno los sábados cuando tiene que madrugar.

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Cierre: mientras los brasileños se levantan y piden cambio, los legisladores cambian la costumbre y aprueban una ridícula ley que permitirá a los psicólogos montar clínicas para curar la homosexualidad. Por otro lado, la visita al Papa (dice O Globo) le costará a Brasil el equivalente a COP$118.000 millones. Vergonha.

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