miércoles, 6 de marzo de 2013

El blues de la noche fría


Quizá fue el aburrimiento el que me convenció de salir de las cuatro paredes en las que me suelo encerrar. La noche era fría y la fogata de Blues apenas me calentaba el aliento. Sonaba esa música infernal que no soporto, llena de alaridos y de constantes beats que perturban mi mente y no me dejan pensar coherentemente. Si, allí estaba yo, un completo desconocido, en medio de una reunión social de viejos amigos y constantes visitantes del lugar. Allí estaba yo, vacilante, ajeno a ese cotidiano ambiente. 
Llegaste a mí por medio de un silbido. Edward, mi acompañante, te escuchó y giró su cabeza, sonrió y se dirigió a saludarte con un fuerte abrazo. Yo, estático, simplemente observaba. A los pocos minutos me invitaron a unirme a su charla. Me presenté formalmente, mucho gusto soy Andrés, sonreíste, soy Paulo.
Un vaso de vodka en la mano, sorbo, sonrisa, se siente bien, música estridente y tú. Hablaste de arte y de fotografía, yo soy diseñador gráfico. Puedo decir con claridad que estaba embelesado descubriéndote a partir de tu propio discurso. Otro sorbo de vodka, ¿vamos a bailar? Está bien.
Respiré profundo y me dejé llevar. Bailas muy bien Andrés. Gracias Paulo. Siempre he odiado bailar pero ese día algo me impulsaba a hacerlo. Luego de un rato me sentía agotado. Vamos a conversar a ese rincón. OK.
Llenaba de nuevo el vaso con vodka y me sentaba a tu lado. Eres muy joven Andrés. Lo sé Paulo, lo sé. ¿Te puedo besar en los labios? Dudé un poco pero acepté. Tu aliento a cigarrillo y a ron se mezclaba con el dulzor de mis ilusiones, mientras la música ensordecía mis sentidos. Besas muy bien Andrés. Lo sé Paulo, lo sé. Te apoderabas de mis gesticulaciones y mi dentadura se fundía con tu lengua. Mi garganta se secaba y me ahogaba lentamente. Escapaba de tus ansias para recargar mis pulmones con oxígeno, infestado de fiesta y lujuria. No me dejes Andrés, nunca te dejaré Paulo.
Fumabas, reías, bebías ron y te sentías tan peye. Fumaba, reía, bebía vodka y me sentía en las nubes. Derramábamos dopamina por los poros. Bebíamos recuerdos de noches anteriores, carentes de afecto o de un simple beso. Exudábamos vagos sueños sobre encuentros entre desconocidos. Baila conmigo Andrés. 
Bailamos psicodélicamente con los brazos hacia el cielo. Más alto Andrés. Más alto Paulo. De un lado para el otro, en un océano que iba y venía. Sonreías al verme a tu lado. Bésame Paulo y de nuevo te apoderabas de los pocos rezagos de vida que me quedaban. Olvidé por completo a Edward y perdía recuerdos de minutos atrás. 
El último vaso de vodka y estaba listo para irme. La pasé muy bien contigo Andrés. Lo sé Paulo, lo sé. Nos fundimos en un abrazo y abandoné el bar junto a Edward. Regresé a casa vuelto mierda y con el estómago revuelto. No tuve más remedio que rendirme ante la sensación y derramar todo ese arcoíris reposado en mis intestinos. 
Desperté intentando analizar lo sucedido la noche anterior. Entre a Facebook, buscando algún indicio pero no habían fotos reveladoras, solo una petición de amistad que desinteresadamente abrí, analicé y luego simplemente sonreí. Paulo quiere ser tu amigo. Lo sé Paulo, lo sé.  
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Gracias Andrés por esta historia

2 comentarios:

  1. Dejarse llevar no es de todos, implica querer correr el riesgo, apostar, creer...

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  2. sin palabras!!!! muy buena historia!!!

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