viernes, 4 de febrero de 2011

Brasil III: A maior economía do mundo

A mí me sorprendió ver el año pasado en The Economist varias veces en portada o con artículos destacados la economía del Brasil. Qué hizo que esa importante revista, tal vez la publicación de economía más importante del globo, le prestara tanta atención al país más grande de América Latina. Las historias siempre eran de triunfo, de superación de los problemas, de milagro económico.

Milagros económicos todos los de América Latina, hace apenas 20 años el subcontinente aparecía en las portadas como un efecto dominó, todos los países (con la excepción de Colombia y Costa Rica) tuvieron una terrible década larga entre 1980 y 1995. Economías colapsadas, crisis sociales, hiperinflaciones, corrupción, despilfarro, deuda, moratoria, todas esas palabras eran un sinónimo, un común denominador de nuestros países. Brasil fue, tal vez, el país que sufrió más ese ciclo de masiva destrucción económica.

Qué cambió en los últimos 20 años. Sería ridículo no decir que todos los países grandes de América Latina aprendieron sus propias lecciones y corrigieron el rumbo. Desde 1995 sólo Colombia y Argentina tuvieron crisis estructurales de importancia. La recuperación de México, la entrada al club de los grandes de Chile y Perú y la estabilidad de Centroamérica han sido la constante. Brasil nuevamente sacó la cabeza, no sólo logró meterse entre las 8 economías más grandes del mundo y sacar a unos 30 millones de la pobreza sino que se ganó la reputación de un país sin mayores problemas. Cómo lo hizo.

No es una fórmula mágica, no es un modelo de desarrollo, son una serie de políticas bien pensadas y una gran cantidad de suerte. Es posible que la dicha no les dure toda la vida o toda la década siquiera. Entre 1992 y 1995 Brasil sufrió grandes convulsiones sociales, el país que se estrenaba en la democracia después de 30 años de vivir bajo el yugo de los gobiernos militares y el experimento había demostrado no ser la mejor opción. En el campo económico las hiperinflaciones sumaron a muchos más (de los históricos bastantes) en la pobreza y los planes de estabilización no dieron resultado.

La esperanza de un mejor país se centró en un político de vieja data y un sociólogo que teorizaba acerca de la dependencia económica. La dupleta Itamar Franco-Fernando Henrique Cardoso empezó un drástico plan para reducir la deuda externa, bajar hasta un dígito la inflación, asegurar el poder adquisitivo de la moneda y prometieron no volver a tocar los ahorros de los ciudadanos (embargados en ocasiones anteriores para salvar la economía nacional). El plan incluyó la creación de una nueva moneda nacional, el Real, y la privatización o capitalización de una buena cantidad de empresas oficiales. El plan de Cardoso fue tan exitoso que él fue elegido presidente y durante su mandato logró la modificación de la Constitución para reelegirse.

Después del gobierno de Cardoso en el que floreció la inversión extranjera en Brasil, principalmente compañías foráneas comprando grandes industrias brasileras y cuando las empresas brasileras decidieron salir al mercado internacional a vender recursos naturales y asegurar materias primas fuera del gigante. Fueron los años de consolidación del plan Real y del momento de la transición política. Lula llegó al poder en un país que se había llenado de reservas internacionales, de prestigio internacional y de técnicos que al comando de una organizada cancillería y un potente ministerio de economía le cambiaron la imagen a Brasil.

Mucha publicidad hizo Lula de sus logros económicos. Cuáles fueron, a saber unos 30 millones de brasileros ascendieron a la clase media y unos 14 millones dejaron de estar en la miseria. Sin embargo, Brasil todavía tiene otros 20 millones de míseros y unos 40 millones de pobres. En educación logró aumentar los índices de cobertura que aunque no vinieron acompañados de una seria preocupación por la calidad, al menos han permitido reducir el alto analfabetismo brasilero. No hubo grandes planes para incentivar la lectura ni las artes en general, apenas unas políticas locales en algunas barriadas para cambiar las armas por el baile.

Las inversiones brasileras han sido impresionantes, varias de las más grandes empresas del mundo son brasileras y el boom de la construcción de oficinas en Sao Paulo y otras capitales puede mostrar un poco esa tendencia. Lula puso en marcha la primera construcción de ferrocarriles en casi una centuria, decidió cambiar el rumbo del Río San Francisco para beneficiar al sertao y se ideó un tren de alta velocidad entre Sao Paulo y Rio de Janeiro. Aún así, los retos siguen siendo enormes, entre otros, a las principales capitales no las unen sistemas de vías expresas sino autopistas que dependen del cuidado estatal y no federal. Hoy el principal aeropuerto internacional del país, Guarulhos en la zona metropolitana de Sao Paulo, sigue siendo una mole desorganizada construida durante la dictadura, sin conexión de transporte masivo con el resto de la ciudad, situación que es idéntica en Rio de Janeiro (el aeropuerto internacional Tom Jobim-Galeao ni siquiera tiene aire acondicionado), ni hablar de Brasilia a donde prácticamente no llegan vuelos internacionales por restricciones de espacio. Las ciudades brasileras aún no conocen vías expresas como las de México y Chile ni tampoco tienen sistemas integrados de transporte masivo eficientes (la única excepción tal vez es Curitiba).

A Brasil le toca todavía pensar en cómo va a redistribuir su riqueza, el índice Gini es más parecido al de Argentina, Angola y Haití que al de un país desarrollado. En Brasil aún hay una población similar a la de Colombia bajo la pobreza y la disparidad regional es tal que no sería sorpresivo si en pocos años volvemos a ver un movimiento independentista como el que unió a artistas pernambucanos y bahianos en los años 60 a abocar por un Nordeste Independiente. El principal reto del nuevo gobierno es no dejar recalentar la economía. Dilma Rousseff ya anunció que prefiere cortar la inversión antes de que la inflación se salga de control (cálculos oficiales explican que por cada dos puntos adicionales a la inflación de 2010 un millón de personas retornarán a la pobreza). Si lo logra la senda de crecimiento nacional puede llevar a Brasil a estar entre las 5 economías más grandes del mundo de aquí al 2020 y entonces los brasileros podrán decir sin temor a equivocarse que viven en la maior economía do mundo.

3 comentarios:

  1. Hombre, siempre es positivo que me menciones tus nuevas publicaciones para estar al tanto de tan profundo e interesante conocimiento.
    Brasil, es como siempre nuestro gigante americano, que ya no esta dormido. Tus referencias históricas me han recordado la importancia de esta interesante cultura y economía.
    Wilson Fernando desde @Prospectador

    ResponderEliminar
  2. Post muito bom! Estive na Colômbia por um dia, bem no dia do início do governo Santos, por problemas com minha conexão aérea e e pude ver uma exposição sobre o bicentenário do país. Em comum nos dois países eu vejo a vontade, sobretudo do povo, em querer construir uma imagem nova para os países, livre da violência e do narcotráfico. Acho que se o Brasil dividir esse momento não só com a Colômbia, mas também com a Bolívia, Chile, Equador, Venezuela e Argentina (proibindo lógico tocar no assunto futebol) as chances de uma AL forte e frutífera é muito grande. Nós temos juntos o que outra região nenhuma do mundo tem: um povo apaixonado.

    ResponderEliminar
  3. La pregunta obligada... será que Colombia, un país con todos los recursos y la capacidad de estar a la altura de Brasil, logrará estarlo algún día?

    ResponderEliminar