domingo, 23 de enero de 2011

Los toros

Ustedes dirán que estoy escribiendo demás en mi blog, y sí, estoy escribiendo un poco más porque tengo tiempo libre. A mí la fiesta brava me gusta y ya la había defendido en este espacio sin mucho éxito. En mis lecturas vacacionales me encontré, en Diccionario del amante de América Latina, un texto que resume muy bien lo que yo pienso acerca de la fiesta brava. Las palabras son de Mario Vargas Llosa:

"Los toros y los toreros se convirtieron en la pasión obsesiva, casi exclusiva de su pintura (habla de Botero). Hoy no es posible ver los toros con la tranquila buena conciencia con la que los aficionados acudían a las plazas cuando Botero y yo soñábamos con vestir el traje de luces y enfrentarnos a un Miura armados de un trapo rojo. La cultura y la sensibilidad ha evolucionado de tal modo que resulta cada día más difícil encontrar argumentos que no nos parezcan a nosotros mismos -a quienes una buena faena hace vivir momentos de intensidad deslumbrante- inconsistentes. Los conozco todos, desde el de la tradición y las costumbres, la idiosincracia y la identidad, hasta el de "¿Habría que renunciar entonces, también, a los churrascos y jamones?", pasando por los de "los animales no sienten como humanos" y el del fair play "¿no tiene también el toro la oportunidad de ensartar al torero?". Lo cierto es que no hay argumento racional suficiente para justificar el fondo de crueldad escondido detrás de esa bellísima fiesta, la inhumanidad que subyace la gracia, la elegancia, el coraje y el dramatismo indescriptibles que puede alcanzar una señera corrida".*

*Vargas, M., (2006), "Diccionario del amante de América Latina", Barcelona, Paidós.

1 comentario:

  1. No contrapone argumentos, sólo dice y ya.

    ResponderEliminar