viernes, 13 de agosto de 2010

El gobierno de Santos

No es mi fuerte hacer predicciones. No me interesa pensar mucho en el futuro, menos en Colombia donde el panorama político y social cambia constantemente. No podía, sin embargo, dejar pasar la elección del presidente más votado de la historia sin hablar de las condiciones históricas con las que recibe el país Juan Manuel Santos. Voy a comenzar haciendo una semblanza del presidente y termino con mis anotaciones de actualidad y mis suposiciones a largo plazo.

Hace una década nadie habría imaginado que Juan Manuel Santos sería presidente, él había trabajado para los gobiernos de Gaviria y Pastrana y se había presentado como precandidato liberal en 1994. No era un hombre carismático, representaba lo más tradicional de la élite gobernante bogotana y su periódico le garantizaba un espacio de influencia en las páginas de opinión y una que otra investigación periodística. El panorama cambió hace poco más de 4 años cuando creó el Partido de la U, una nueva fuerza política para recoger a los seguidores de Álvaro Uribe, como premio el presidente lo nombró Ministro de Defensa.

Obvio Santos era reconocido por su habilidad para rodearse bien, no en vano había estudiado en las mejores escuelas, con los mejores dirigentes y en su paso por el servicio público no lo había perseguido la corrupción. Su último ministerio se llenó de palmarés militares entre otros la Operación Jaque que destruyó la moral militar y logró quitarle a los guerrilleros de las FARC sus joyas políticas más preciadas. Todo hacía prever que Santos habría de conformar un equipo que lo llevaría a una candidatura presidencial. Sus intenciones palaciegas pronto se vieron truncadas por dos competidores de talla mayor, uno el líder que quería reelegirse y otro el niño que se había criado a la sombra del líder y lo emulaba con pasión.

Santos tuvo una serie de eventos afortunados, por un lado, en la carrera quedaron Uribe y Arias, líder y pacotilla que no lograron acceder a la candidatura principal. A Juan Manuel Santos se le ungió con las banderas del continuismo y 6 millones de personas le dieron un triunfo inicial que terminó con 9 millones de votos en una segunda vuelta innecesaria en la que competía con un candidato bueno pero equivocado.

Entonces vino la sorpresa, Santos, de origen liberal, logró conformar una de las bancadas más sólidas de la historia reciente en el Congreso de la República al unir bajo su interés a los partidos Liberal, de la U, Conservador y Cambio Radical. Su idea era hacer un gobierno de unidad nacional. Muchos creímos que la unidad iba a ser sinónimo de corrupción y repartición juiciosa del poder. Craso error. Santos creó un equipo de gobierno con lo mejor de lo mejor (tal vez los únicos lunares son el Ministerio de Educación y el Departamento Administrativo de Seguridad DAS). Marcó distancia con el líder al nombrar a críticos de su gobierno -en la Cancillería y los ministerios de Hacienda, Agricultura y Transportes-, además de dar reversa a las reformas miniteriales que había llevado a cabo su antecesor.

Santos llegó al poder con un evento magnífico, un discurso muy bien preparado y un entusiasmo excepcional. No es para menos, su gobierno recibe un país que ningún otro presidente había recibido en la historia reciente. Por supuesto, seguimos teniendo una de las tasas de pobreza más altas de América Latina, el mayor número de desocupados del continente y una inequidad que escandaliza por donde se mire. Esto no es suficiente para aguarle la fiesta al presidente.

Las condiciones de seguridad son mucho mejores que hace 4, 8, 12, 16 y 20 años. La tasa de homicidios está en un nivel históricamente bajo, el secuestro está reducido a su máxima expresión y las guerrillas que llegaron a pensar seriamente la toma del poder hoy están seriamente diezmadas. En el tema paramilitar el país acabó con los grandes capos, ha empezado procesos judiciales y de verdad que han develado unos 25.000 crímenes que no se conocían y unos 30.000 hombres se desmovilizaron. Cifras de la Policía Nacional revelan que existen ahora 6 bandas criminales que han cooptado unos 8.000 hombres que estuvieron desmovilizados.

En el campo económico Santos recibe un país con una economía saludable, que creció durante la crisis mundial y que podría recibir los beneficios de una política agraria enfocada en el mercado exterior y en la reactivación de la industria para el mercado local. Colombia hace parte de los CIVETS, países que según expertos de HSBC y The Economist tienen las mejores perspectivas en la siguiente década. Obvio, no se puede dormir en los laureles, como dije arriba, tiene que mejorar la situación de empleo, ampliar la base de la formalidad y seguramente tendrá que renovar las reformas de salud y pensión. Aún así, si la plata se maneja bien, el país puede meter en la clase media a unos 12 o 15 millones de personas en la próxima década.

Aunque fue uno de los principales lunares del gobierno Uribe, Santos recibe un país con la infraestructura mejorando sustancialmente. Uribe dejó en construcción las dobles calzadas de Bogotá a Sogamoso, Ibagué y Zipaquirá; además contrató, con ayuda del Banco Mundial, la Ruta del Sol que en 6 años debe unir por una vía de 6 carriles a Bogotá con la Costa Caribe y encargó a ISA la construcción de varias dobles calzadas desde Medellín hacia el resto del país. Por último, el sueño de Colombia por casi 50 años es casi una realidad, ya van listos casi un kilómetro de los 12 que comprenderán el Túnel de la Línea; también hay que nombrar la que unirá a Bucaramanga con Cúcuta y a Pasto con Rumichaca. Ni hablar de la renovación de puertos y aeropuertos y la recuperación de algunos tramos del sistema férreo nacional. Todas esas obras podrían generan una gran cantidad de empleos directos e indirectos.

Con todo eso, es posible que Santos logré disminuir la brecha económica de las regiones con las capitales y que un gran número de colombianos deje la pobreza. Si así es, el país puede cambiar mucho. Es posible también que los logros militares que Santos logró en su ministerio se multipliquen durante su gobierno y que por fin se dé un punto de quiebre que lleve a las guerrillas a negociar la paz de manera sensata y equilibrada.

Auguro que Santos será recordado como un muy buen presidente. Eso poco me alegra, yo quisiera que la élite nacional se renovara, que los que nos han gobernado por tantos años se dieran un merecido descanso. Este positivo escrito no pretende montarme en el tren de la victoria sino más bien expresa lo mejor que le puede pasar al presidente. Si lo logra tendremos, como dijo hoy Patricia Lara en El Espectador, que quitarnos el sombrero. Si no, es posible que por fin otros lleguen a gobernar.

1 comentario:

  1. El análisis que haces de la carrera política de Santos ciertamento nos deja ver mas claro el camino que ha recorridio hasta la fecha y que en lo personal no conocía. Esperemos por el bien del país que esos buenos augurios resulten siendo ciertos y que Murphy y sus leyes de pacotilla no lleguen a aguarnos la fiesta.

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