Bueno en el anterior post les conté la historia de cómo llegué al mundo. Dejé una esquirla de la que ya se han quejado varios en msn y en facebook. Entonces decidí contarles por qué me llamo Rodrigo. Resulta que los chistes de mi tío hicieron mella en mis papás y ellos tontamente decidieron cambiarme el nombre. No puedo negar que me gusta llamarme Rodrigo, pero habría sido más especial llamarme Thiago.
El caso es que no fue difícil elegir un nombre. Mi papá propuso que fuera Rodrigo, porque así se iba a llamar él, solo que a última hora, como a mí, le cambiaron el nombre. Resulta que mi abuelo era alcalde de Sogamoso cuando mi papá nació y esa semana hubo unas inundaciones terribles que no le permitieron ir a registrar a mi papá. Le dio un poder a Rafaelito Salamanca para que registrara a mi papá como Rodrigo Sandoval. Resulta que a Rafaelito no le gustó Rodrigo, entonces decidió que no lo registraba si no se llamaba Carlos Alberto y por eso se llamó así.
Entonces long-story-short mi papá para hacerle un homenaje póstumo a su papá me puso Rodrigo. Ah, se me olvidaba y si hubiera nacido niña me habrían puesto Gabriela, nombre que le pusieron a mi hermanita 10 años después.
lunes, 23 de noviembre de 2009
domingo, 22 de noviembre de 2009
De como nací yo
Hace unos días estaba en casa de mis padrinos y recordamos con carcajadas y buen vino la historia del parto que me trajo al mundo. Una historia curiosa que difícilmente se puede repetir. Hoy decidí escribirla. Algunos nombres los cambié, pero la historia es igual.
A las 6 ya habían llegado María Dionisia, Bethsabé y Alejandra, Gladys y Rafa los esperaban con guitarra, vino, aguardiente, chimenea y comida. La reunión no era casual, a mi tío y mi abuela les fascinaba recibir amigos en Suescún y reír, tomar trago y amanecer rememorando historias cómicas del pasado común.
La verdad es que esta vez era un pequeño homenaje a Dioni, que había dejado hace poco el cargo de directora de enfermeras de la Clínica Julio Sandoval Medina y en su reemplazo había llegado Bethsabé. Mi abuela, gran amiga de Dioni, decidió llevar a su reemplazo y a su antigua jefe a celebrar el merecido descanso. El 'Mono' había ido a recogerlas en el Renault 6 y había vuelto a Sogamoso con la promesa de volver la mañana siguiente con naranjas frescas, periódicos para los huéspedes y a recoger a las tres señoras.
A media noche el vino se había acabado, pero las reservas de Aguardiente Líder estaban prácticamente intactas. Dioni decidió empezar a tomar al estilo de otra de sus amigas y servía tragos dobles para mujeres sencillas. Escuchaban tangos, joropos y músicas brasileras de discos rayados de tanto uso. A veces cuando una canción les gustaba mucho o las hacía reír la repetían hasta que el sonido se distorsionaba. Rafa de vez en cuando ponía vallenatos para animar el ambiente y Bethsabé se salía de casillas porque le parecía una música tétrica.
Al otro lado del valle mi mamá se había despertado con dolores. Llamó a mi vovó (en portugués para diferenciarlas) y le pidió agua, una toalla y paciencia. Mi abuela rezó un padrenuestro, mi abuelo estaba ansioso para ver a su primer nieto varón nacer, los anteriores embarazos en la familia habían sido niñas. Media hora más tarde mi mamá rompió fuente. En aquella época mi familia vivía en un suburbio llamado Villa Blanca, que emulaba lo mejor de la vida gringa, grandes casas con amplios jardines. El problema era que llegar o salir era difícil. Pocas casas tenían teléfono y la nuestra no era una de esas.
La logística estaba planeada con antelación, a cualquier hora mi vovó podía pasar a la casa de Lucila de Arango a pedir el teléfono, marcar 706828 y esperar que transfirieran a mi abuela la llamada. Mi abuela en efecto saldría a recogerlas en el Renault 6 o en su defecto enviar al 'Mono'.
Efectivamente Lucila abrió en pijama, muerta de frío. Ofreció café a mi vovó mientras contestaban en Suescún. La música no dejada escuchar el teléfono, después de varios intentos alguien se percató que en efecto estaban llamando. Mi abuela no pensó quién podría ser y hasta pensó dejar sonando. Por fin contestó y y creyó que era una pega de mal gusto. Alguien hablando con angustia y en otro idioma que ella por unos segundos no pudo reconocer.
-Nice, ay mi Dios, sim oi- gritó por fin, y su mente se aclaró lo suficiente para entender que mi mamá estaba en trabajo de parto y que había que salir disparada para Sogamoso. Gran idea haber mandado al 'Mono' con el carro. Tuvieron que llamarlo con urgencia y mientras llegaba comieron algo para evitar el tufo y para recuperar los sentidos perdidos con el paso del tiempo y las copas.
El mono demoró una media hora. Para llegar a Villa Blanca había que atravesar completamente a Sogamoso entonces decidieron dejar a Bethsabé y Alejandra en la clínica para que bajo sus órdenes estuviera todo organizado para mi recibimiento. Sogamoso era un caos completo, era el último sábado de fiestas y había borrachos en todas partes, no pudieron llevar una ambulancia porque todas tenían que estar disponibles para cualquier problema en las verbenas o tomatas de la calle. Además el sistema de respuesta de emergencias estaba bajo tremenda presión porque días antes Pepe Cáceres había muerto en esa misma clínica y muchos medios habían comentado que el error había sido de las directivas de la Julio Sandoval. Mandaron a Dioni y mi abuela fueron a recoger a mi mamá y mi vovó. Así fue, cuando regresaron mi mamá no había dilatado suficiente, pero en la Clínica había todo un operativo esperándolas. Dioni se olvidó que ya no era jefe y empezó a dar órdenes a diestra y siniestra, mientras Bethsabé y Alejandra se tomaban un tinto y disimulaban con sus subalternos el estado de embriaguez total en el que estaban. Mi abuela gritaba, Dioni mandaba con nombre propio y mi vovó no entendía ni pito de lo que estaba pasando.
La madrugada no trajo bebé. En cambio, en la sala de espera las carcajadas habían vuelto, durante el embarazo mis papás habían decidido llamarme Thiago y mi tío decía que cuando yo naciera me iban a decir: Sandoval, tiago o no tiago. Morados de la risa, mientras mi mamá sufría porque yo no me decidía a salir. A las nueve me dio desespero y en menos de media hora estaba afuera. Era un bebe gordo, muy gordo y bastante morocho, todo lo contrario a lo que soy hoy, un flacuchento de piel color blanco teta intenso.
A las 6 ya habían llegado María Dionisia, Bethsabé y Alejandra, Gladys y Rafa los esperaban con guitarra, vino, aguardiente, chimenea y comida. La reunión no era casual, a mi tío y mi abuela les fascinaba recibir amigos en Suescún y reír, tomar trago y amanecer rememorando historias cómicas del pasado común.
La verdad es que esta vez era un pequeño homenaje a Dioni, que había dejado hace poco el cargo de directora de enfermeras de la Clínica Julio Sandoval Medina y en su reemplazo había llegado Bethsabé. Mi abuela, gran amiga de Dioni, decidió llevar a su reemplazo y a su antigua jefe a celebrar el merecido descanso. El 'Mono' había ido a recogerlas en el Renault 6 y había vuelto a Sogamoso con la promesa de volver la mañana siguiente con naranjas frescas, periódicos para los huéspedes y a recoger a las tres señoras.
A media noche el vino se había acabado, pero las reservas de Aguardiente Líder estaban prácticamente intactas. Dioni decidió empezar a tomar al estilo de otra de sus amigas y servía tragos dobles para mujeres sencillas. Escuchaban tangos, joropos y músicas brasileras de discos rayados de tanto uso. A veces cuando una canción les gustaba mucho o las hacía reír la repetían hasta que el sonido se distorsionaba. Rafa de vez en cuando ponía vallenatos para animar el ambiente y Bethsabé se salía de casillas porque le parecía una música tétrica.
Al otro lado del valle mi mamá se había despertado con dolores. Llamó a mi vovó (en portugués para diferenciarlas) y le pidió agua, una toalla y paciencia. Mi abuela rezó un padrenuestro, mi abuelo estaba ansioso para ver a su primer nieto varón nacer, los anteriores embarazos en la familia habían sido niñas. Media hora más tarde mi mamá rompió fuente. En aquella época mi familia vivía en un suburbio llamado Villa Blanca, que emulaba lo mejor de la vida gringa, grandes casas con amplios jardines. El problema era que llegar o salir era difícil. Pocas casas tenían teléfono y la nuestra no era una de esas.
La logística estaba planeada con antelación, a cualquier hora mi vovó podía pasar a la casa de Lucila de Arango a pedir el teléfono, marcar 706828 y esperar que transfirieran a mi abuela la llamada. Mi abuela en efecto saldría a recogerlas en el Renault 6 o en su defecto enviar al 'Mono'.
Efectivamente Lucila abrió en pijama, muerta de frío. Ofreció café a mi vovó mientras contestaban en Suescún. La música no dejada escuchar el teléfono, después de varios intentos alguien se percató que en efecto estaban llamando. Mi abuela no pensó quién podría ser y hasta pensó dejar sonando. Por fin contestó y y creyó que era una pega de mal gusto. Alguien hablando con angustia y en otro idioma que ella por unos segundos no pudo reconocer.
-Nice, ay mi Dios, sim oi- gritó por fin, y su mente se aclaró lo suficiente para entender que mi mamá estaba en trabajo de parto y que había que salir disparada para Sogamoso. Gran idea haber mandado al 'Mono' con el carro. Tuvieron que llamarlo con urgencia y mientras llegaba comieron algo para evitar el tufo y para recuperar los sentidos perdidos con el paso del tiempo y las copas.
El mono demoró una media hora. Para llegar a Villa Blanca había que atravesar completamente a Sogamoso entonces decidieron dejar a Bethsabé y Alejandra en la clínica para que bajo sus órdenes estuviera todo organizado para mi recibimiento. Sogamoso era un caos completo, era el último sábado de fiestas y había borrachos en todas partes, no pudieron llevar una ambulancia porque todas tenían que estar disponibles para cualquier problema en las verbenas o tomatas de la calle. Además el sistema de respuesta de emergencias estaba bajo tremenda presión porque días antes Pepe Cáceres había muerto en esa misma clínica y muchos medios habían comentado que el error había sido de las directivas de la Julio Sandoval. Mandaron a Dioni y mi abuela fueron a recoger a mi mamá y mi vovó. Así fue, cuando regresaron mi mamá no había dilatado suficiente, pero en la Clínica había todo un operativo esperándolas. Dioni se olvidó que ya no era jefe y empezó a dar órdenes a diestra y siniestra, mientras Bethsabé y Alejandra se tomaban un tinto y disimulaban con sus subalternos el estado de embriaguez total en el que estaban. Mi abuela gritaba, Dioni mandaba con nombre propio y mi vovó no entendía ni pito de lo que estaba pasando.
La madrugada no trajo bebé. En cambio, en la sala de espera las carcajadas habían vuelto, durante el embarazo mis papás habían decidido llamarme Thiago y mi tío decía que cuando yo naciera me iban a decir: Sandoval, tiago o no tiago. Morados de la risa, mientras mi mamá sufría porque yo no me decidía a salir. A las nueve me dio desespero y en menos de media hora estaba afuera. Era un bebe gordo, muy gordo y bastante morocho, todo lo contrario a lo que soy hoy, un flacuchento de piel color blanco teta intenso.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Lugar común
Lugar común: el frío que estaba haciendo. Pero es que así siempre son las noches bogotanas después de un caluroso día de navidad. Lugar común: las lucecitas estaban prendidas. Muchos, como yo, no han dejado de asombrarse con la creatividad de aquellos que arreglan vías, vitrinas, fachadas y ventanas. Lugar común: el tráfico estaba insoportable. Al menos eso deberían estar pensando los que abajo estaban sufriendo el monumental trancón.
Lugar común: una jirafa. No el animal, obvio, la jarra de cerveza. Lugar común: escuchar a una pareja pelear. A veces es bueno ver otras personas haciendo el ridículo público, a mí me hace reír. Lugar común: ganas de ir al baño. No es posible tomar cerveza y no tener que desaguar. Lugar común: unos niños corriendo. Detrás de ellos los papás tratando de alcanzarlos.
Lugar común: gente abrazada. Yo muriendo de ganas de que me abrazaras. Lugar común: hablamos del frío. Y de las noches, y de las parejas. Lugar común: esas conversaciones siempre buscan algo más. Lugar común: no hubo que pedir apechiche. La situación misma hizo que nuestros labios se acercaran. Lugar común: me detuve a mitad de camino a ver la cara que ponías. Fue cómico verte hacer pico, cerrar los ojos y quedarte buscando un encuentro que dabas por logrado. Lugar común: me dio risa y te besé. Lugar común: te diste cuenta y me preguntaste de qué me reía.
Lugar común: respondí que la situación. Cuál situación, la nuestra, cuál nuestra, está bien de tu cara. Lugar común: hiciste mala cara. Lugar común: te besé. Lugar común: te besé otra vez. Lugar común: ya no te quise dejar de besar.
Lugar común: una jirafa. No el animal, obvio, la jarra de cerveza. Lugar común: escuchar a una pareja pelear. A veces es bueno ver otras personas haciendo el ridículo público, a mí me hace reír. Lugar común: ganas de ir al baño. No es posible tomar cerveza y no tener que desaguar. Lugar común: unos niños corriendo. Detrás de ellos los papás tratando de alcanzarlos.
Lugar común: gente abrazada. Yo muriendo de ganas de que me abrazaras. Lugar común: hablamos del frío. Y de las noches, y de las parejas. Lugar común: esas conversaciones siempre buscan algo más. Lugar común: no hubo que pedir apechiche. La situación misma hizo que nuestros labios se acercaran. Lugar común: me detuve a mitad de camino a ver la cara que ponías. Fue cómico verte hacer pico, cerrar los ojos y quedarte buscando un encuentro que dabas por logrado. Lugar común: me dio risa y te besé. Lugar común: te diste cuenta y me preguntaste de qué me reía.
Lugar común: respondí que la situación. Cuál situación, la nuestra, cuál nuestra, está bien de tu cara. Lugar común: hiciste mala cara. Lugar común: te besé. Lugar común: te besé otra vez. Lugar común: ya no te quise dejar de besar.
jueves, 19 de noviembre de 2009
Mi encrucijada
Digamos que este es un post de confesiones.
Mi primera confesión es que detesto que este post tenga nombre uribista, pero ni modo.
Mi segunda confesión es que me estoy tragando, y eso me hace feliz. Hace muchos meses no disfrutaba tanto de pendejadas como durar 20 minutos en el teléfono o amanecer y pensar que sería rico despertarme al lado de esa persona.
Mi tercera confesión es que mi nueva traga me preocupa.
Mi cuarta confesión es que he estado secretamente enamorado de alguien desde hace mucho tiempo.
Mi quinta confesión es que ese estado de enamoramiento ha sido injusto con esas personas que por algún tiempo compartieron mi vida conmigo.
Mi sexta confesión es que no me di cuenta que estaba secretamente enamorado hasta estos días de soledad.
Mi séptima confesión es que no sé qué hacer.
Mi octava confesión es que estoy secretamente enamorado de una de las personas más importantes de mi vida.
Mi novena confesión es que se me va a explotar mi cerebro tratando de conciliar mi mente con mi corazón.
Mi décima confesión es que este post me sirve para dormir esta noche.
Mi primera confesión es que detesto que este post tenga nombre uribista, pero ni modo.
Mi segunda confesión es que me estoy tragando, y eso me hace feliz. Hace muchos meses no disfrutaba tanto de pendejadas como durar 20 minutos en el teléfono o amanecer y pensar que sería rico despertarme al lado de esa persona.
Mi tercera confesión es que mi nueva traga me preocupa.
Mi cuarta confesión es que he estado secretamente enamorado de alguien desde hace mucho tiempo.
Mi quinta confesión es que ese estado de enamoramiento ha sido injusto con esas personas que por algún tiempo compartieron mi vida conmigo.
Mi sexta confesión es que no me di cuenta que estaba secretamente enamorado hasta estos días de soledad.
Mi séptima confesión es que no sé qué hacer.
Mi octava confesión es que estoy secretamente enamorado de una de las personas más importantes de mi vida.
Mi novena confesión es que se me va a explotar mi cerebro tratando de conciliar mi mente con mi corazón.
Mi décima confesión es que este post me sirve para dormir esta noche.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Me da mamera
Me da mamera pensar que estos días he tenido frío... mucho frío. Ha llovido. La ciudad está enloquecida. La gente cabizbaja. Tú estás lejos. Yo también.
viernes, 13 de noviembre de 2009
Hoy me senté
Me senté. Me puse a ver el atardecer. Por alguna razón pensé que mi vida está así, deslumbrante, lleno de color y llegando al final de una etapa que fue chévere pero ya tenía que apagarse.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
domingo, 8 de noviembre de 2009
Y todo porque esperé
Hacía frío, mucho. Como siempre. No entiendo por qué los hippies habían decidido ese lugar para encontrarse 40 años antes. Ahora no había gente protestando por la vida y la guerra, en cambio éramos cientos de parejas sentadas hablando, un par de perros callejeros, uno que otro jovencito en patineta y de vez en cuando pasaba una viejita nostálgica. Frío, mis manos decían frío, mis pies decían frío, mis mejillas decían frío. Pero mi mente se fijaba en tus tenis, en tus manos, en tus ojos, en ti.
Entonces no quería sentir frío, quería que me acaloraras, quería que me tomaras el corazón con ternura y lo arrullaras, quería que me tocaras el cuello y me hicieras tener un shock eléctrico en toda la espalda, quería que me tomaras la mano y salieras corriendo, quería que me cerraras los ojos y me transportaras a un lugar donde sólo estuviéramos los dos, quería que bailáramos abrazados.
Me miraste y descubriste lo que clamaba mi cuerpo, no lo que gritaba mi mente. Me invitaste a tomar un café. Café no, por favor, no quiero, no me gusta, es muy impersonal. Prefiero una agua de panela. Bueno, agua de panela será. Caminemos, dame tu mano. No, la mano tampoco, está helada. Más bien hazte al lado mío, muy cerca, que me calientes desde el hombro hasta la punta del dedo corazón. Bueno, lo que tú quieras. No pues, si así son las cosas entonces, quiero que me lleves a la luna. No, tampoco, o bueno, te llevaría, pero no tengo plata y el hombre solo va a volver en el 2017. Mmm no se vale, dijiste que todo lo que yo quisiera. No es verdad, dije que lo que quieras, pero no dije nunca todo. Bueno no importa, me conformo con caminar y con que me acompañes con una aguapanela.
Esquivamos unos muchachos que hacían piruetas, nos asustamos cuando dos perros se pelearon y subimos un murito para evitar un largo trayecto y nos paramos a decidir dónde íbamos a tomar agua de panela. Estaba cerca Lourdes y sus panaderías de antaño, pero no queríamos ir en ese sentido, podíamos entrar a Juan Valdez y encontrar alguna pendejada. No, no quiero eso. Y se nota que tú lo dijiste sólo para darle tiempo a tu cabeza para pensar. Y si alquilamos una hamaca y nos tomamos la aguapanela juntitos. Bueno, yo conozco dos opciones una en el centro y otra cerquita a la Javeriana. Voto por la segunda. Yo también.
Caminar contigo fue rico, hablas tan rico. Bueno, no pude decirte muchas cosas que quería decirte, el ruido de los carros, el absurdo de los buses, los celulares que nos interrumpieron varias veces no nos dejaron.
Llegamos, no había ni espacio para contener la dicha de estar bajo techo y con calorcito. No había hamacas, pero nos sentamos en uno cojines. Decidí que ya no quería aguapanela sino jugo y tú querías algo con alcohol. Terminamos pidiendo un canelazo, una malteada y unas empanadas. Hablamos, de mil cosas, de ti, de mí, de lo que podría ser nosotros, del futuro, del pasado (maldito pasado), del presente. Y que rico. Otra vez me moría por darte besos, por desgarrarte en un abrazo, por hacerte parte de mi. Me contuve, de pronto me tiraba todo, de pronto se acababa la conversación, de pronto no era lo que querías.
Hoy, cuando te escribo estas palabras, me alegro. Sí, suena ridículo pero me alegro. Quiero darte más besos y más abrazos, con más ganas y más fuerza. Y todo porque esperé.
Entonces no quería sentir frío, quería que me acaloraras, quería que me tomaras el corazón con ternura y lo arrullaras, quería que me tocaras el cuello y me hicieras tener un shock eléctrico en toda la espalda, quería que me tomaras la mano y salieras corriendo, quería que me cerraras los ojos y me transportaras a un lugar donde sólo estuviéramos los dos, quería que bailáramos abrazados.
Me miraste y descubriste lo que clamaba mi cuerpo, no lo que gritaba mi mente. Me invitaste a tomar un café. Café no, por favor, no quiero, no me gusta, es muy impersonal. Prefiero una agua de panela. Bueno, agua de panela será. Caminemos, dame tu mano. No, la mano tampoco, está helada. Más bien hazte al lado mío, muy cerca, que me calientes desde el hombro hasta la punta del dedo corazón. Bueno, lo que tú quieras. No pues, si así son las cosas entonces, quiero que me lleves a la luna. No, tampoco, o bueno, te llevaría, pero no tengo plata y el hombre solo va a volver en el 2017. Mmm no se vale, dijiste que todo lo que yo quisiera. No es verdad, dije que lo que quieras, pero no dije nunca todo. Bueno no importa, me conformo con caminar y con que me acompañes con una aguapanela.
Esquivamos unos muchachos que hacían piruetas, nos asustamos cuando dos perros se pelearon y subimos un murito para evitar un largo trayecto y nos paramos a decidir dónde íbamos a tomar agua de panela. Estaba cerca Lourdes y sus panaderías de antaño, pero no queríamos ir en ese sentido, podíamos entrar a Juan Valdez y encontrar alguna pendejada. No, no quiero eso. Y se nota que tú lo dijiste sólo para darle tiempo a tu cabeza para pensar. Y si alquilamos una hamaca y nos tomamos la aguapanela juntitos. Bueno, yo conozco dos opciones una en el centro y otra cerquita a la Javeriana. Voto por la segunda. Yo también.
Caminar contigo fue rico, hablas tan rico. Bueno, no pude decirte muchas cosas que quería decirte, el ruido de los carros, el absurdo de los buses, los celulares que nos interrumpieron varias veces no nos dejaron.
Llegamos, no había ni espacio para contener la dicha de estar bajo techo y con calorcito. No había hamacas, pero nos sentamos en uno cojines. Decidí que ya no quería aguapanela sino jugo y tú querías algo con alcohol. Terminamos pidiendo un canelazo, una malteada y unas empanadas. Hablamos, de mil cosas, de ti, de mí, de lo que podría ser nosotros, del futuro, del pasado (maldito pasado), del presente. Y que rico. Otra vez me moría por darte besos, por desgarrarte en un abrazo, por hacerte parte de mi. Me contuve, de pronto me tiraba todo, de pronto se acababa la conversación, de pronto no era lo que querías.
Hoy, cuando te escribo estas palabras, me alegro. Sí, suena ridículo pero me alegro. Quiero darte más besos y más abrazos, con más ganas y más fuerza. Y todo porque esperé.
A la hora de dormir
Era hora de dormir, ya las luces de muchas casas se habían apagado. Sí, con frío niños estaban en sus camas moviendo sus pies y parejas se acariciaban para darse calor. Otros tenían miedo, en poco tiempo apagaban las luces y sus buses no habían andado lo suficientemente rápido o no habían pasado. Otros estaban sentados pensado, algunos más se habían quedado con las ganas de pensar, los demás rezaban o ya estaban dormidos. Yo estaba contigo, y mi corazón estaba feliz.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Abad Faciolince, masturbación y otros detalles miscelaneos
Cuando leí la Biblia me convencí que ahí no estaba la palabra de Dios, al menos no en el Antiguo Testamento. No soy de los más creyentes de la vida pero como buen latino tengo una vida que se basó en la tradición judeocristiana, el Estado, la familia, la escuela, las relaciones, todo es judeocristiano. Hasta la doble moral.
Sí, la doble moral, esa cuestión que no nos deja hablar las cosas como son, esa que no nos deja pensar que los demás son humanos igualiticos a nosotros, esa que hace desaparecer el deseo de las mujeres, esa que destruye vidas, esa que hace creer que el que peca y reza empata. Así me di cuenta que no era Dios el escritor o inspirador de la Biblia, eran unos hombres con doble moral.
Ya lo había pensado pero este fin de semana en El Espectador Héctor Abad Faciolince escribió acerca de las dobles morales y de la masturbación. De cómo la Biblia prohibía la paja masculina pero no el placer auto concedido de las mujeres. Acaso es que los viejitos israelíes creyeron que las mujeres no se hacían caricias en el clítoris, la vulva y la vagina. Parece que sí, porque sólo derramar semen fuera de los órganos reproductores femeninos. En otras palabras, darse dedo no es problemático, lo grave es hacerse la paja.
Vuelvo a la doble moral. No creo que Jesús no se haya hecho nunca una paja, o que los Apóstoles nunca estuvieron parolos. Ya vienen a decir que Ruth nunca se acarició, o a Rebeca nunca se le pararon los pezones. No creo. Ahora me van a tratar de convencer que en las frías noches del desierto palestino ninguno de los patriarcas tuvo pensamientos lascivos. No creo. A diferencia de eso, sé que mis amigos se hacen la paja, yo también me la hago, a veces más veces de las que debería (no porque me sienta mal haciéndomela, sino porque me gustaría tener suficiente sexo para no tener que hacerla), mis amigas, todas, sin excepción, usan sus dedos para acompañarse en noches solitarias.
La pregunta de hoy es: ¿se consideran doble moralistas?
Sí, la doble moral, esa cuestión que no nos deja hablar las cosas como son, esa que no nos deja pensar que los demás son humanos igualiticos a nosotros, esa que hace desaparecer el deseo de las mujeres, esa que destruye vidas, esa que hace creer que el que peca y reza empata. Así me di cuenta que no era Dios el escritor o inspirador de la Biblia, eran unos hombres con doble moral.
Ya lo había pensado pero este fin de semana en El Espectador Héctor Abad Faciolince escribió acerca de las dobles morales y de la masturbación. De cómo la Biblia prohibía la paja masculina pero no el placer auto concedido de las mujeres. Acaso es que los viejitos israelíes creyeron que las mujeres no se hacían caricias en el clítoris, la vulva y la vagina. Parece que sí, porque sólo derramar semen fuera de los órganos reproductores femeninos. En otras palabras, darse dedo no es problemático, lo grave es hacerse la paja.
Vuelvo a la doble moral. No creo que Jesús no se haya hecho nunca una paja, o que los Apóstoles nunca estuvieron parolos. Ya vienen a decir que Ruth nunca se acarició, o a Rebeca nunca se le pararon los pezones. No creo. Ahora me van a tratar de convencer que en las frías noches del desierto palestino ninguno de los patriarcas tuvo pensamientos lascivos. No creo. A diferencia de eso, sé que mis amigos se hacen la paja, yo también me la hago, a veces más veces de las que debería (no porque me sienta mal haciéndomela, sino porque me gustaría tener suficiente sexo para no tener que hacerla), mis amigas, todas, sin excepción, usan sus dedos para acompañarse en noches solitarias.
La pregunta de hoy es: ¿se consideran doble moralistas?
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