lunes, 31 de agosto de 2009

Frío, ducha y lunares

Estábamos sentados, uno al lado del otro. Era tarde, los dos sabíamos que pronto se prenderían las luces y nos quedaríamos ahí, en medio de todos, con las ganas de más. Así fue, se acabo la película, pasaron unos créditos sin pena ni gloria y en menos de nada ya estaban barriendo el piso de las sillas preferenciales.

Nos dijeron gentilmente que era hora de irnos. Nos repitieron con angustia que la película se había acabado. Primero yo hice un gesto indefinible con mi cara que te dio risa y después tú asentiste con tu cabeza. Salimos, no queríamos pelear. Íbamos cogidos de la mano, te reías de mis pendejadas y yo en compensación te daba besos en el cuello, mordiscos en la oreja, picos en los cachetes. Cuando estuvimos en la acera me abrazaste con fervor y gritaste una grosería recordando que estaba haciendo un frío de milk demonios. Vaya oximorona, los demonios son los calientes se supone, pero no iba a discutir contigo, al fin y al cabo Bogotá es una ciudad infernal con un clima paradisíaco, como diría mi amigo Andrew: or so they say.

Me tocó, no era la primera vez, arroparte en mis brazos y prestarte mi chaqueta. Sí, no podías cargar tú con un accesorio que te abrigara, tenías esa terrible manía de andar en camiseta. Así me enamoré de ti, con mis hombres gritando hipotermia, mi pecho aullando neumonía y mi corazón sonriendo de calor. Caminamos un par de cuadras, siempre íbamos a ese cine con ínfulas de extranjero para complacer nuestro respeto por el séptimo arte y nuestra abnegada pereza de buscar transporte tarde en la ciudad. Nunca nos gustó el cine temprano, teníamos la manía de hacer la fila de las 5 para burlarnos de la gente, comprar la última función disponible, sin importar el contenido de la película y dar vueltas alrededor de la plazoleta de comidas para conseguir con afán un rincón en donde darnos un beso.

Cuando entramos sudabas frío. Tenías las manos congeladas, ni qué decir de mi, que estaba tiritando y con ganas de meterme en una ducha caliente. No habías acabado de cerrar la puerta cuando yo ya tenía la mitad de mi cuerpo desnudo. Con cara de sorpresa preguntaste qué haces y con naturalidad respondí me voy a meter a la ducha. Prendí el agua caliente y no alcancé a calcular la temperatura perfecta. Me metí, primero un chorro cuyas gotas parecían puñales helados atravesando mi espalda. Después un poco de agua tibia para terminar con un refrescante hilo hirviendo que producía toneladas de vapor al estrellarse con mis hombros. Me puse rojo, me dio parola, agaché la cabeza y sentí que tenía dedos otra vez.

Apagué el agua y me acordé que no tenía la toalla ahí, era sábado, la había lavado. Te llamé unas dos veces y no respondiste. Malditos iPods, cómo nos hacen la vida complicada. Salí empeloto y camino a la cocina, donde seguramente estaría mi toalla rasposa recíen salida de la lavadora, me crucé contigo. Me viste el pene en todo su esplendor, sonreíste, lo tocaste y me regañaste por estar mojando el piso. Maldita sea, hace frío, mucho frío, debí pensar en ese momento. Tal vez sólo estaba pensando cómo hacerte el amor ahí mismo. Me sequé un par de minutos después y me acosté desnudo con la toalla separando mi humeda cabellera de la cama.

Me diste un pico, dos, tres, muchos. Parecías un pollo picoteando una lombriz, me diste tantos y tan cortos que no alcanzaron a sumar siquiera uno de verdad. Te pedí que me contaras los lunares. Me dijiste que era imposible. Te ordené que me contaras los lunares, te emputaste conmigo. Te dije que si no me contabas los lunares no dormía contigo, me diste un puño en el pipí. Me di la vuelta con rabia y simulé quedarme dormido. Esperé como 20 minutos. No hiciste nada y de pronto te moviste. Me besaste la mitad de la espalda, uno, otra vez la espalda, dos, así hasta completar 43, después los hombros, las clavículas, los pechos, los genitales, quien lo creyera tengo uno justo en la entrada del ano, o al menos eso dijiste tú. En total fueron 198. Cuando te acostaste encima mío me dijiste que tenías la boca seca. No me podías dar más besos. Tampoco quería. Esa noche podía dormir con la satisfacción de saber cuántos y en dónde están todos mis lunares.
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El otro día leí en Facebook una historia muy linda que tenía que ver con lunares, no recuerdo de qué se trataba, pero me acuerdo que me dieron ganas de que me cuenten los lunares. Sigo esperando por tan magno acontecimiento, mientras tanto me alegro con un cuento.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Elogio a las revistas de Jet-Set

Diseño de sonrisa casi calcado. Rayitos hechos por el mismo peluquero caro. El mismo busito preppy en la misma haciendita de siempre, sobre los hombros enfundados en un Lacoste. La misma haciendita sabanera. Los mismos vejetes atractivos de gafas de marca junto a sus mujeres rellenas de lifting, y una sonrisa estática. El canelazo. Las momias matriarcales enfundadas en pieles y en jeans de los años 80. El sueño real de Pepita Mendieta.

Todo esto en cincuenta páginas donde un simple matrimonio en Cartagena es retratado con mayor meticulosidad que la Operación Jaque y el bombardeo al campamento de Raúl Reyes juntos, y claro, donde un cumpleaños de una cuarentona hippie que finge vivir a lo rupestre (con muebles de un millón de pesos, rupestres, finca de 200, en la rupestre Barichara, y adornos de Usaquén , barrio del rico rupestre por excelencia), tiene más importancia que lo que sucede con alguna gente de esas de los pueblos que ni aparece en televisión.

El jet set tiene a quien lo adore, a quien lo sueñe, que son sus propias revistas. Y el jet set es el más grande mito de Colombia.

¿Por qué quien más, aparte de algunos trepadores, amigos y familia, podría hablar como si fuese un Adonis sibarita, de un tipo grande, blanco, gordo, casi calvo, con churcos y con ínfulas de Hugh Heffner? Sí, ¿De un tipo judío y rico llamado Lolo Sudarsky? ¿Acaso el mundo real lo conocería, soñaría con sus ridículas fiestas de pareos masculinos? ¿O le importaría?

El jet set ilumina las fantasías de una nación que se derrite en sus propias limitaciones, nos enseña a no ser envidiosos. Gocemos viendo gozar a otros como hicieron sus padres y sus abuelos. A nuestras costillas, pero igual somos generosos. Ni el mejor predicador habría podido ejemplificarlo mejor. Si ellos son felices, nosotros somos felices leyéndolos y riéndonos de sus desgracias.

Porque, ¿qué contendría las frustraciones, los sueños y el ocio del ama de casa de estrato medio, que se muere por un loft cuando apenas sabe pronunciar la palabra? ¿Qué podría indicarles, como se ha hecho desde que unos españoles levantados se convirtieron en los nuevos jefes del gamonal, que tienen que vivir más allá de su salarito mínimo?

Solo una revista del jet set puede dar maravillosas ilusiones en cualquier supermercado o sala de peluquería. Todavía me puedo casar con un rico, piensan las bonitas recepcionistas de una droguería del 20 de julio, cual Thalía en María la del Barrio. Mi hija aspirante a periodista todavía puede conseguirse un Felipe, piensa cualquier madre cansada del barrigón tacaño que mira la televisión en la sala contigua.

Aunque es más fácil emborracharse con los royals ingleses, que acceder a las cursimente singulares fiestas temáticas de algunos congresistas, la revista del jet-set dará la sensación de que fueron divertidísimas, y que cuando uno sea grande, trabajador, y en lo posible, lambón (y mejor aún, bonito) se podrá tomar la foto con el caricaturesco Papá Noel lameculos de aquellas esqueléticas mujeres que tertulian en peluquerías. Con Ponchito.

Cualquier redactor de una revista “seria” debería envidiar a las revistas del jet –set. Aún no se sabe nada en concreto de muchas masacres paramilitares, pero hace mucho rato que ya todo el país se enteró de los cuernos, con dirección, teléfono, testigos, acusados y demás, del monigote de Robinson Díaz a su esposa. Pura historia patria.

La cobertura periodística es impresionante. Cualquier fan esquizoide de bellezas como Ingrid Wobst , o de cualquier actriz pequeñamente talentosa, medianamente inteligente y totalmente “buena”, podría hacerse la idea de sus recorridos diarios y de sus quehaceres.

Foto en Andino, foto con la terapeuta de energías directamente reinterpretadas de Turkmenistán, foto saliendo de compras, artículos de cuatro páginas diciendo que ahora practican yoga, y que se encuentran embarazadas. Los de Ser Padres Hoy y los de las revistas prenatales creo que están celosos; las revistas del jet set tienen siempre a los ricos, famosos, y famosos por ser famosos, en sus portadas. ¡Qué envidia!

Mejor aun que leer una revista del jet-set, es ser periodista de una de ellas. Shaio Muñoz, pseudo-bohemio y bronceado ejemplo del hippie rupestre, solo tiene que ir de apartamento en apartamento, de coctel en coctel, de rumba en rumba, para conseguir lo que nuestro modelo social hace o dicen. Le pagan millones solo por divertirse. Por hacer lo que ha hecho siempre, salir con amigas y hacer nada. E ir a Barichara.

Lo demás está hecho para mamertos que denuncian a pobres líderes costeños que comercian con valientes motosierristas dispuestos a defendernos de los “malos”. ¿Quién los manda a sufrir por otro país que a nadie interesa? Es más divertido ver al famoso por ser famoso Juan del Mar correr con su minúsculamente dotada tanguita en las Playas de Bocagrande.

Si eso no es buen espectáculo, ni tampoco los desvaríos rumberos de Andreita Casiraghi, el principito de Mónaco que posee el físico de Kurt Cobain en sus últimos días, entonces no sé que lo es. Ver madres campesinas llorando por el que podría ser el chofer ya es tedioso, y nos hace pensar que los malos somos nosotros.

Los pobres ricos de nuestro país, si bien no nos dan pan, nos dan circo. Nos dan de qué hablar y en que ensoñarnos en vez de trabajar. Aseguro que cuando Pablo Escobar leyó sobre el pobrecito de Julio Iglesias, con sus ochenta mujeres, o del pobre viejecito que es Rupert Murdoch, sin nadita que comer, se dispuso a encaminar su vida. ¡Y vean los maravillosos resultados! Ahora es un mito.
Como muchos de los de las revistas, usó los mismos métodos para volverse rico, es un negocio de todos con todos, como sostenía nuestra malograda “Material Girl” de los ochenta, “Virgie” Vallejo. (El del Jet Set siempre tendrá un nombre distintivo, cual Osito Cariñosito). Aunque claro, los otros siempre se han divertido más. Pero qué importa, hay negocios para todos.

Leer al jet set es un sueño. Uno se sueña con los mismos y con las mismas. Sueños de lo que podremos ser sin escrúpulos, o con buena lengua, o con buen culo, o con un talento excepcional, eso sí se vive en La Cabrera. El Jet Set hace tomar conciencia al país de su miseria, al no hacerlo para sí mismo. Soñemos con una frijolada y un torneo en Los Lagartos, porque eso nos indica la vida. Soñar no cuesta nada, claro. Pero lo barato siempre sale caro.

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Dando una vuelta por Facebook me encontré este escrito de mi amiga Lux Lancheros y después de pedirle permiso aquí se los comparto. Un abrazo

domingo, 23 de agosto de 2009

¿Qué es lo que pretenden?

No me gustan los títulos con interrogación, pero no encontré uno más apropiado para empezar a hablar de este tema. El caso es que he seguido con interés las campañas de los precandidatos de los tres partidos que oficialmente tienen consulta para elegir a su candidato a presidencia: Polo Democrático Alternativo, Liberal y Conservador. En ese ejercicio he encontrado unas joyas que quiero compartir con ustedes.

Primero sigo preguntándome qué hacen Iván Marulanda, Alfonso Gómez Mendez y Anibal Gaviria Díaz lanzándose al agua así como así. Será que esperan que sus menos de 5% les garanticen un ministerio en el posible gobierno de Rafael Pardo o al menos una embajada en el de Uribe.

Continúo con las campañas del Partido Conservador. Una consulta aburrida por demás porque tiene a un candidato que no se quiere lanzar, el señor Arias, joven que no aspira a la presidencia sino a tener un haber más en su hoja de vida antes de dedicarse a sembrar palma en algún paraje de este país, también está mi paisano José Galat, un hombre que aspira a cambiar las costumbres morales, a acabar con el homosexualismo, la interrupción voluntaria del embarazo y todos los otros males que aquejan la formación de una familia cristiana de verdad, verdad. El resto son tan poco conocidos y tan irrelevantes como Marulanda o Gaviria Díaz en el liberal.

El Polo no se podía quedar atrás, sacó dos hombres pulcros a su contienda pero también inscribió a un señor que conocen sólo sus familiares más cercanos, su nombre si mi memoria no falla es Edison Lucio Torres, además de tener nombre de comentarista radial brasilero irá a obtener el voto de pocos, bien pocos. El señor Petro se sintió Andy Warhol o tal vez quiso aprovechar la imagen pop del artista gringo y se hizo una campaña a lo Marilyn Monroe, voy a votar por él para que no quede otro y además porque me gusta su lema y su programa para acordar el futuro. Dejé a Carlos Gaviria de último porque es que su campaña me ofende. Dice: POR UN PAÍS DECENTE. Pero no sé qué quiere decir: si es que él llega a la presidencia y todos nos volvemos decentes como por arte de magia, si que votar por él lo hace a uno una mejor persona (casi un tema de altruismo) o si los que no estamos con él no somos decentes. Esto último es lo que más me preocupa, mierda si no estoy contigo estoy contra ti, brillante diferencia con Uribe y sus secuaces.

sábado, 15 de agosto de 2009

El Capitán Garfio y la Crispeta

Se había cansado, después de tanto luchar contra el tiempo y los relojes, el Capitán Garfio había descubierto que era imposible mantener su cuerpo impoluto como lo había logrado Peter Pan. Debía ser el sexo, o el exceso de comida, tal vez un mal de amores. Pudo haber sido la maldad con la que derrotó a tantos barcos mercantes que surcaban los mares del universo o una bala que hizo estragos en la parte del corazón que mantiene intacta la juventud. No lo sabía, ya estaba tarde para ponerse a revisar los anales de su vida para pensar qué y cómo había llegado a viejo.

En un último intento por recuperar el tiempo perdido y estirar el restante decidió salir a buscar algo que lo hiciera absolutamente feliz. Podía ser un tesoro escondido, un lugar plácido para descansar con sus antiguos compañeros de aventuras o un muchacho como Peter Pan al cual atormentar. No sabía exactamente qué quería. Se planteó la idea de tener una mujer que lo acompañara, y sirviera, en sus últimos suspiros.

Levó anclas, desplegó las velas y dio el soplido inicial que tradicionalmente hacía cuando partía de Nunca Jamás a los demás reinos del universo. El barco se sacudió un poco cuando se sintió libre y por primera vez en muchos años los piratas hacían maniobras marinas y no terrestres. El cocodrilo estaba tomando el sol plácidamente y no se dio cuenta que el barco del Capitán Hook ya había zarpado. Flaco y desdentado como estaba debió apurar su nado para alcanzar el barco y dejarse llevar por el efecto succión que causaban las olas a estribor. El contramaestre, James Andrew, pulió los garfios antes de la partida y aprovecharon la luz de los bombillos de Londres para dejar atrás Nunca Jamás.

Se adentraron en el mundo de las estrellas, buscando una buena isla para empezar a buscar, surcaron varios lugares y no encontraron siquiera un puerto para abastecerse de comida y agua pura. El cocodrilo les deba señales de dónde estaban los peces porque era la única vez que dejaba de acompañar al barco y se adentraba al agua. De vez en cuando se perdía por un par de días, pero el olor de los sobacos de los piratas le señalaban el camino rápidamente.

Dieron vueltas por la Vía Láctea, se hicieron a la idea de que volver y ver cómo se hacían viejos mientras Peter Pan disfrutaba de pilatunas adolescentes era la mejor opción. Nadie se atrevía a pronunciar el nombre de la isla que otrora habían habitado, pero alguien tenía que decirle a Hook que las cosas no iban por buen camino. Un día, mientras el Maestre y el Capitán hacían una ronda por las vacías bodegas de comida en el fondo del maderamen, los demás se sentaron en las escalinatas que llevaban a la oficina de Garfio y se pusieron a discutir la mejor opción.

No hubo consenso, no podía haberlo, nadie era capaz de dar su vida para que Garfio volviera frustrado a Nunca Jamás. La conclusión a la que llegaron es que el Capitán estaba loco, pero tarde que temprano iba a entrar en razón y se iba a decidir volver a la isla. Lo que nadie sabía es que la decisión fue mucho más rápida de lo que los demás se imaginaron. Cuando las luces de Londres se empezaban a prender, y por ende el día de los piratas estaba a punto de empezar, Garfio hizo sonar la Diana de reunión del pelotón y anunció que debido a cuestiones impajaritables deberían volver a la tierra de Peter Pan. Todos hicieron cara de asombro. El cocodrilo, que escuchaba atentamente siempre que hacían un llamado de Diana, quedó atónito, se habría quedado en la isla y la tarea habría sido más fácil.

Emprendieron oficialmente el viaje de vuelta cuando el capital dio el giro de 180° al barco y el soplo oficial. Entonces empezó a correr una brisa con un olor especial. Nunca los habitantes del bote habían sentido tal frescura. Era un olor seco pero delicioso, sonó el estómago de varios peones. El contramaestre, digno de una raza más valiente, le pidió al Capitán que siguieran ese olor, decisión que Garfio ya había tomado. Andaron por tres días buscando el origen de la esencia que hacía que sus narices olvidaran el salitre y la falta de alimento decente. Unos creyeron que era una ninfa, otros que la muerte los había alcanzado y no se habían dado cuenta.

Al tercer día vieron una fuente blanca a lo lejos, no era en el final del horizonte, pero sí estaba bastante alejada para predecir qué se iban a encontrar. Al cabo de medio día se acercaron y lanzaron anclas. Se montaron en el botecito en grupos de 10 y cual exploradores fueron a ver qué les esperaba. El Capitán fue el adelantado que revisó lo que tenía frente a sus ojos: una piedra caliente de donde brincaban blancos copos de que eran producto de una pequeña explosión de unos cereales que caían a la laja. Tomó uno con las manos, cerró los ojos y se dispuso a ponérselo en la boca. -No- gritó uno de los peones, -puede ser venenoso señor, deje que yo tome las precauciones del caso-. -No-, dijo el Capitán, este es mi deber como líder. Con pose de mártir se dispuso nuevamente a morder la bolita blanca. No fue capaz. Simuló un repentino ataque de tos. Qué iba a hacer. Cerró los ojos y se lo metió a la boca. El copo se derritió entre su lengua y su paladar. Se deleitó de tal forma que no abrió los ojos por un par de minutos y cuando lo hizo les dijo a todos que ahí se quedaba, solo.

Ordenó que el barco partiera, que se quedaba en la mitad de la nada a disfrutar de ese tesoro suyo al que llamó Crispeta. El cocodrilo se puso más feliz, sabía que en esta nueva bahía había suficientes peces para sobrevivir mientras el Capitán decidía partir al otro mundo; se había resignado a seguir el barco, sabía que en determinado momento Garfio querría acabar su vida con un poco de dignidad y se dio a la tarea de esperar.

Amaneció un nuevo día, Hook sopló por última vez el viento de iniciación de su bote, sólo que esta vez no lo hizo desde la cubierta sino desde la playa, a su lado estaba el cocodrilo sonriendo y detrás la piedra de las Crispetas, la piedra de la felicidad, la piedra que le había demostrado que Peter Pan no era necesariamente una razón para vivir.

lunes, 10 de agosto de 2009

Otra buena pregunta

Cuando comenzó el 2009 les pregunté a qué sabía el sexo. Hoy tuve una de esas revelaciones masculinas, recordé una época de otrora en la que temía tener el pipí chiquito. Por lo que he hablado con mis congéneres es un síndrome común, no sé si se debe al miedo a que el pequeño sea un sinónimo de castración, algún psicoanalista me lo tendrá que explicar algún día. El caso es que les tengo una pregunta doble, es decir, dos preguntas en una, ¿qué tan grande lo tiene uds, si son hombres, o su pareja, si son mujeres, y qué tan mal les ha ido con la disfunción erectil?

Les propongo una cosa, para que no les de pena responder, escriban sus comentarios como anónimos... Un abrazo

miércoles, 5 de agosto de 2009

Una buena por una mala

Big news: no me gusta el alcalde de Bogotá. No puede ser, pero si samuelito es una maravilla andante, es el mejor alcalde que ha tenido nuestra ciudad. Aún así, como periodista que pretende ser "objetivo" debo decir las cosas buenas de que hace la administración y criticar las malas sin distinción de mis apreciaciones ideológicas.

Entonces, aquí voy: felicito al alcalde por su entereza al firmar el acuerdo que crea el Sistema Integrado de Transporte Masivo. Ahora toca que lo ponga en marcha. Ahora dos malas: la pésima decisión de cambiar el cruce vehicular de la Autopista Norte con calle 82, alguien ya vio algo más estúpido que eso, lo dudo.

domingo, 2 de agosto de 2009

Reloj no marques las horas

Reloj no marques las horas, que el tiempo se nos va y nos quedamos aquí, con arrugas y las ganas. Reloj por favor párate, quédate quieto, cállate por un momento. Déjame ser feliz. Ayer estaba caminando por la ciudad y descubrí que el tiempo pasa y yo ni me doy cuenta, descubrí edificaciones que hace poco no estaban ahí, encontré tiendas que no imaginaba y vi gente que no quería ver.

Me di cuenta que ya no soy tan joven, antes disimulaba la adolescencia entre los demás transeúntes, ahora me sentí viejo y desubicado. Todos vestían una moda que no me gusta y no va con mi estilo. Todos parecían felices, como si este mundo no tuviera sufrimiento. Todos sonreían sin arrugas, acaso las pieles de sus caras tienen una cantidad extra de colágeno que no heredó mi antigua generación. Lo peor es que al escuchar sus conversaciones sentí que ya no estaba en el mundo de mi vida.

Eso quiere decir que estaba caminando por una ciudad desconocida, por un universo paralelo al que tuve acceso alguna vez y que por cosas del destino ya no me hacía sentir bien. Recordé mil últimas salidas, siempre en carro, siempre a lugares burgueses con pretensión de bohemios o a restaurantes finos con cartas en idiomas extranjeros. Siempre rodeado de gente que habla mil idiomas, de gente que ha viajado, de gente que quiere ser más que yo.

Entonces me pregunté qué ha sido de mi vida. Y mi vida ha sido eso, viajar, aprender, leer. Pero dejó de visitar a la ciudad, a reconocer las caras de los indigentes, a saber dónde están los charcos y cuales baldosas de los andenes están levantadas. Entonces descubrí que había perdido el tiempo. Entonces decidí que es tiempo de recuperarlo. Entonces caminé.

sábado, 1 de agosto de 2009

I will see ya around

Would you ever be able to remember how was it when we were young? I was afraid your answer was not going to be positive. Would you care as much as you do now? I was afraid you were going to say no. Would you love me as much as I do? I was afraid your answer was negative. Thank God you say yes, as you always do.

I want to tell you my dear I got some good chicken fried by the best Christian group of girls in town and I want to watch the fireworks every single year with you. I want to sit in front of the TV and watch the ball falling down at Madison Square Garden, I know what you say about going to New York, but I’m a traditional southern girl and you know I ain’t going to go to a city such as that.

Remember that first time we saw each other. I do. I was sitting by the pool and you came and said that is one horrible person and I told you: that is my cousin and yes, she is as ugly as a raccoon suffering of cancer. You said I was mean, that I shouldn’t talk bad about my family as that. I said if you ever want to say something bad about anybody come and sit by me. We laughed and remembered the joy of being trashy.

After that day we sit each other by the pool during the whole summer and by the beginning of the school year you had asked me out. You took me on your old fashioned truck to the old fashioned Steak and Shake and we got an old fashioned Original Double and a Side-by-Side Milk Shake. You were so scared that you didn’t know if you had to scratch your head or move your behind. You asked me if that wasn’t too much food and I answered: As long as I am single I refuse to eat any healthy food and I try not to put any vegetables if I can go around it.

It is funny that I just remembered that because so long ago you wouldn’t think I was not going to do anything with tomatoes and now the only thing that keeps me off the walls are my tomatoes trees. And for real I don’t know what I’d do if they were not by my side every time we are back here in the hospital having my head about to explode and your heart’s feeling tired. It is funny that I go all the way to the past when I can’t see a future ahead of me.

I want you to open your eyes; I want you to be able to read this and not hear it from me. But honey, I know you shouldn’t, I know the best thing for us is to let you go, and that is exactly what I am going to do. I will call a good funeral home, I will visit you every day from now to the time I am older and can’t remember where I put your bones. I love you, I always will, and I’ll see ya around.