martes, 16 de junio de 2009

Adiós

Hola,

Ayer nos vimos, y gritamos, y sonreímos, y nos quedamos sin palabras. Sí, otra vez, después de tanto tiempo seguía pensando que me quería casar contigo. La primera vez te dije que me casaría contigo porque te amaba. Después te dije borracho que necesitaba darle un papel a nuestra unión, Una última vez lo intenté con toda la pompa romántica, te lo pedí de rodillas con la casa llena de velas y un par de cosas que era nuestras, una comida con pega de arroz, un par de fotos y una botella de aguardiente de la misma marca que me había embriagado un par de meses antes. En todas me dijiste que estaba loco, que no te casarías conmigo porque yo no me quería casar. Lo que no sabías es que hasta hoy, siempre hhe pensado que dejarte ir fue una mala idea. Cuando te di el beso en la mejilla y pude oler tu piel, cuando mis brazos arroparon tu estrecha figura, cuando mis ojos se quedaron frente a frente con los tuyos, cuando mi mente quedó en blanco descubrí que sí, después de tanto tiempo todavía me quería casar contigo.

No creo en las coincidencias, ese día había escuchado en mi camino a la casa de mis papás un CD que te había grabado y que tú me mandaste por correo para despedirte con una carta en la que me contabas que te ibas del país. En ese CD había una canción que decía: por ti me casaré, por tu sonrisa, porque estás tan loca como yo. No sé, no estoy seguro de que tú, después de tantos años, estés igual de loca, pero yo sí sigo siendo el mismo. Nos soltamos después de un abrazo eterno y me dijiste que no lo podías creer, que el tiempo no había pasado, que estaba igual. Tú no estabas igual, eras otra persona completamente, estabas mucho más delgada, con el pelo más largo y las piernas más delineadas, ya no tenías frenillos en tus dientes y tu cara ya no tenía vestigios de tu viejo amigo el acné. Ya no me veías con ojos de amor, ahora lo hacías como con ternura, como cuando uno ve a un recién nacido que no estaba esperando ver todavía. Me viste con terror, con picardía, con lágrimas, con brillo. Pero sin amor.

No sé cómo viste mis ojos, me dijiste que me amabas y me volviste a abrazar, te alcé, te grité, te dije que en ningún momento te había dejado de amar. Te dije que mi propuesta seguía en pie. Me soltaste y me dijiste que ya no se podía. Nos quedamos viendo a los ojos por mucho tiempo. Tenía ganas de darte un beso, dos besos, muchos besos, saborear tus labios, tus orejas, tu cuello, tu espalda. Saber que el pelo te olía igual, que tu piel estaba tan firme como lo era antes, que tu manos eran tan curiosas como un tiempo atrás. No fui capaz de hacer nada de eso, te volví a abrazar y te dije que teníamos que adelantarnos cuaderno, tú me dijiste lo mismo e hiciste algo con lo que descubrí que en serio habías cambiado, me prometiste que lo ibas a hacer.

Sabías que yo no soporto ese tipo de promesas y yo sabía que tú nunca las hacías, nunca le decías a nadie que lo llamarías o lo visitarías, nunca prometías nada porque te molestaba mucho quedar mal. Odiabas a medio mundo porque todos eran expertos en mentir y prometer cosas que no eran capaces de hacer después. Otra vez pensé en esa canción por un instante. Allí también decía que entre las cosas que teníamos en común era que odiábamos las promesas. Recuerdo que me dijiste que no te casarías conmigo porque el matrimonio era una promesa a amarnos para siempre, una promesa para estar juntos en las buenas y en las malas, una promesa a un futuro que ninguno de los dos sabíamos cómo iba a venir o en qué condiciones se darían las cosas en un año o en tres meses. No podías prometerme nada de eso porque sería mentirte y mentirme.

No fuimos capaces de darnos un beso, de invitarnos a una cerveza, a un café, a un plato de arroz, a una charla largamente aplazada. Después de mi última declaración te desapareciste, no volví a saber nada de ti hasta que llegó la caja con fotos, libros, ropa, discos, casetes, cartas y souvenirs que habíamos coleccionado juntos a través de nuestros años de amistad y amor. Me devolviste la mitad de las monedas que habíamos conseguido en nuestros viajes, con una breve descripción de porqué te quedabas con el resto. Al fondo venían tres hojas escritas en tu letra de niña pequeña en la que te despedías, me decías por última vez adiós, me recordabas los más bellos momentos de los dos, nuestro primer beso, nuestro primer viaje en avión, la primera vez que alcanzamos el orgasmo al mismo tiempo, cuando entendí que orgasmo no es lo mismo que eyaculación, cuando nos emborrachamos sin razón o nos fumamos un porro dominguero después de una tarde de dormir. Me decías que no soportabas estar cerca de mi, que era muy difícil conciliar las ganas de estar conmigo y de estar lejos de mi, que era imposible continuar así y que por eso te ibas. Efectivamente te fuiste; la carta que me escribiste decía que te ibas a estudiar, mi corazón me decía que te ibas a olvidarme. Yo no puede hacer lo mismo, nunca tuve las fuerzas para olvidarte.

Cada vez que compraba algo para mi casa pensaba en lo que nos gustaba a los dos. Una vez compré un sofá en promoción que no combinaba con los demás muebles de mi apartamento sólo porque me acordé que cuando todavía estábamos en la universidad y compartíamos los domingos juntos en los centros comerciales te metiste en un almacén y me dijiste que el primer mueble que compraríamos como pareja era ese sofá, porque era suficiente para acomodar nuestros enjutos cuerpos, uno encima del otro y excelente para recibir amigos alrededor de una copa de vino o los chistes de tu hermano que reunían a nuestros amigos.

Cada vez que se me ocurría una idea, era nuestra idea. Cada vez que me atacaba la ira o la necesidad de organizar, era nuestro ataque. Cada vez que me quería sentar a ver el atardecer, era nuestro deseo. Nunca, nunca fui capaz de dejarte ir, nunca fui capaz de olvidarte, nunca fui capaz de serte infiel. Es posible que tu despedida no me haya dado el cierre que yo necesitaba, de pronto nosotros éramos muy civilizados y por no pelear yo no fui capaz de darle el último trazo al círculo llamado nosotros. Es posible que el final haya llegado con tanto afán y con tantas ganas que a mí me dejó el tren de la locura por ti. Escribiendo estas palabras me acordé de nuestra primera canción, era una adolescente que decía que le habían hecho magia, así como me la hiciste tú a mi, que después de tanto tiempo te sigo amando.

Bueno, lo importante de esto es decirte que me emocionó verte, que me quedé con las ganas de darte un beso, de llevarte a dar vueltas, de hablar de mil cosas, de decirte que te amo, de darte gracias por dedicarme tanto tiempo en tu vida. Antes de poder seguir tenía que volver a verte, tenía que olerte, tenía que saber que estás bien. Ahora me toca a mí despedirme, decirte adiós. Nos vemos en la próxima vida, o más adelante en esta misma, uno nunca sabe, es posible que terminemos casados.

Un abrazo, un beso, una caricia en el nervio del cuello que tanto te hacía sonreír.
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La última vez expliqué y me gustó la explicación, entonces este post está dedicado a una amiga seguidora de este blog a la que le había prometido una entrada, ahí esta dotora. El otro es un nuevo amigo, por decirlo de alguna manera, que me dijo que no había tenido cierre en su última relación y pues me puse a pensar en eso y salió Adiós.

3 comentarios:

  1. Me encanta tu forma de escribir.... a algunas personas les podra parecer chocante bulgar a mi me parece simplemente sublime ... me encanta identificar en los cuentos la pasión que muchos escondemoas por mogigatos .. el cuerpo y las ganas... cada día la gente deberia sacar más ese tipo de historias que lo unico que expresan es lo que esta adentro de nuestro ser...
    te adoro y admiro
    alejita

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  2. Debo confesar que ya me hacia mucha falta leerte. Hace mucho que no me metia, pero ya lo extrañaba... Te lo he dicho muchas veces y creo que no ha sido suficiente, me gusta como escribes, me encanta, como dirian en el anterior comentario, es más estoy de acuerdo en todo con ella. En verdad que como alguna vez escriste, aunq distorsionando un poco las palabras, el bayabuyiba es una forma de sentirse bien, de llenar el alma y las ganas...

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  3. Oh por Dios, quedé asombrado con esta entrada. Me gustó mucho, es muy sublime.
    Gracias por publicarla. Un abrazo.

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