domingo, 19 de abril de 2009

a verT

Escribir de mis amigas ha sido un excelente ejercicio, se ha vuelto medio popular entre las niñas que iluminan mi vida. Tal vez con ninguna me rio tanto como con Sylvia, o como nos decimos mutuamente A verT. Nuestra amistad nació en clase, como nacen muchas amistades en la temprana juventud. Ella era un niña medio muy gomela que estudiaba conmigo y que tomó mi idea de vender condones en un bus para hacer una crónica, nos reímos pensando en la historia que teníamos que inventarnos para que el sistema fuera verosímil. El caso es que después descubrimos que los dos tenemos una fijación por las cosas de leopardo, con formas de tigre o cebra, por inventar palabras y por hablar en spanglish.

En esa época nos dieron depresiones amorosas que ahogábamos con café y palitos de queso en Oma. Ella que tiene un excelente gusto fue abandonada por su novio quien se fue detrás de la niña más loba del planeta. Nos tocó soportar la historia con el petit lof (uno de sus amantes) y provócame (el señor que atiende en Oma y me amaba pero la odiaba). Vimos a la Prin con crisis, creamos una página web muy cómica que sucumbió al poder de nuestro profesor de periodismo digital. Con Sylvia nos encanta ponerle T al final de las palabras cuando hablamos, o usar palabras que terminan con T, nos reímos de las lonjas apretadas de las niñas que no entienden el concepto de ser gordas no significa que les queramos ver las llantas apretadas en el pantalón. Nos encanta hablar de temas económicos y detestamos la ignoracia. Tenemos frases muy nuestras como 'ah listo', 'a mí que me expliquen', 'bajo qué concepto', 'me genera dudas'. Sylvia tiene, como yo, una debilidad por las tragas malucas, puedo rápidamente nombrar a Juan Canario, Juan Camilo, el fat del ex novio, el petit lof, el chiquillo de Procter and Gamble. En fin, Sylvia tiene una excelente mezcla entre superficialidad e intelectualidad que la hace digna de un espacio en El Bayabuyiba.

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