jueves, 2 de abril de 2009

Alfonsín

Una de los más tristes episodios de América Latina en el siglo XX fueron los cientos de meses que sumaron nuestros pobres países bajo el yugo de las dictaduras. Nosotros, me refiero a los que tenemos menos de 30 años, no las recordamos, no las vivimos. Es cierto que hay brotes autoritarios en todo el continente, de Venezuela a Nicaragua, de Argentina a Colombia. Sin embargo, hemos, de alguna manera, tener unas democracias funcionantes, con elecciones relativamente libres, prensa crítica (no siempre), tribunales constitucionales y avances en la inclusión de poblaciones tradicionalmente exluídas en las instituciones.

Hoy quiero exaltar el papel que jugó Raúl Alfonsín en que las cosas hoy en América Latina sean así. Es obvio que sin su decidido rol, el Cono Sur no habría logrado volver a ver la rotación civil en sus palacios presidenciales ni habría podido llorar a los miles de desaparecidos que se perdieron en los mares y prisiones militares. No quiero desestimar a Tancredo Neves, porque seguramente él fue el primer héroe de la redemocratización que murió, pero lo hizo sin gobernar. Alfonsín en cambio tuvo que sufrir la enorme presión social, militar y económica para sacar a Argentina del atolladero.

Cuando él llegó al poder casi todos los soldados de su país habían sido violados por el ejército británico, miles de madres buscaban con afán a sus hijos, los militares que habían tenido el poder estaban asustados y la impresión de moneda no alcanzaba a llenar los huecos fiscales que había dejado la voluptuosa infraestructura que contruyó la dictadura. Alfonsín tranquilizó a las multitudes que se agolparon alrededor de la Casa Rosada cuando unos generales quisieron volver a ganarse el poder ejecutivo. Alfonsín fue el que le explicó a los argentinos que un poco de perdón y olvido era necesario para sanar las heridas del pasado. Alfonsín fue el que selló los diferendos con Chile y acabó con la ridícula pretensión por los aguas e islas del Atlántico Sur.

Alfonsín también demostró que las democracias no son el paradigma de la perfección. Para poder entregar beneficios a los sindicatos y pagar la deuda, su gobierno tuvo una errónea política económica que se tradujo en la hiperinflación, el corralito y los famosos cacerolazos que lograron hacer que su gobierno se derrumbara y la banda presidencial se la entregara a Menem meses antes de la fecha tradicional de posesión.

Hoy, cuando nuestras democracias están al borde de las dictaduras civiles es bueno ver por el retrovisor y entender que necesitamos nuevos Alfonsines, que nos libren de Uribe, Chávez, Correa, Ortega, Kirchner y demás payasos que creen que el autoritarismo es la forma adecuada de ejercer el poder público.

1 comentario:

  1. Hola..es verdad tenemos que recordar las buenas ideas y personas ...para pensarnos un mejor presente y un futuro lleno de felicidad.

    cambiando de tema un tris..no se que tanto considerar a Kirchner como una personaje negativo y dictatorial..tenemos que charla sobre ese temilla.

    Chaop.

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