jueves, 26 de febrero de 2009

La enana

En la mayoría de las entradas recientes he dejado mi lado personal en un costado para dedicarle espacio a mi "literatura". Hoy voy a marginar la literatura para dedicarle un post a la enana, Cindy Gamboa. Yo sé que suena idiota, pero es que esos buenos recuerdos que deja una larga amistad que se ha mantenido a pesar de sí misma y de la distancia es de digno reconocimiento. Es bueno decir que a Cindy le crecieron los dientes, se graduó del colegio, en fin es toda una señorita. Pero sigue siendo la enana.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Salgueiro

Miércoles de ceniza, sí señores ese es el día de hoy. Mientras nosotros trabajamos y estudiamos en la capital, muchas ciudades del mundo amanecen con la resaca de cuatro días de fiesta y jolgorio gracias al carnaval. En Recife los folioes de frevo se despidieron con un último desfile por las calles del centro histórico, en Salvador ya no hubo más trios y en Barranquilla ayer enterraron a Joselito Carnaval. Sin embargo, en Río la celebración apenas comienza.

Después de 16 años sin victoria Salgueiro se llevó el premio de la campeona en Sapucaí con un puntaje excelente y después de mostrar lo mejor de la cultura japonesa en una alegoría a lso 100 años de la inmigración nipona al Brasil. Una impresionante muestra de rojo y blanco (los tradicionales colores de la escuela). Un camión con 3000 cajas de cerveza y 8000 bailarines se tomaron el coliseo de Salgueiro para festejar.

Bien por ellos, un triunfo aplazado. Para mí un poco triste, a mí me gustan Portela y Mangueira, no ano que vem vai ser...

martes, 24 de febrero de 2009

Escudo humano

Había salido de Yopal a las 4 en punto con intención de tenerles la sorpresa a mis hijos cuando llegaran del colegio de quién les había cocinado el almuerzo era su papá y no su mamá. Pasamos con alguna dificultad los pasos feos de la carretera, no había llovido en unos tres días, pero Quebrada Negra y Huerta Vieja siempre estaban cubiertas de ese barro negro que normalmente los cubre. No había polvo, todo era lodo, un lodo que de día se traga los rayos del sol y que en la noche no dejan distinguir entre el barranco y la vía. Un retén de vendedoras de arepas y gallina nos había hecho la parada en ese sitio y muchos, me incluyo, aprovechamos para desayunar la dieta colombo-francesa que tanto le gustaba a mi papá, un pedazo de pan francés y una colombiana al clima. Chistoso pensar en mi papá porque la emisora acababa de poner México Lindo y Querido, una de sus canciones favoritas.

Cuando terminamos de comer nos subimos al bus y con la barriga llena pretendía darme un sueñito fácil. En Curisi comenzó a llover y cuando pasamos el Parador del Cusiana el bus decidió no parar, todos habíamos comido y orinado metros atrás. La Rocha estaba llena de una blanca niebla que no nos dejaba ver el tímido sol que apenas asomaba a lo lejos, en la finca ya debía estar clarito, las vacas ya estarían ordeñadas y las labores diarias estarían comenzando. En mi casa los niños estarían poniendose el uniforme o tomando el desayuno. Pasamos la Peña de Gallo y cuando yo ya me sentía en Sogamoso nos pararon un par de niños.

Estaban vestidos de militar, no tendrían más de 12 años. Bájense, requisa, estamos buscando un par de oligarcas hijueputas. Eso les entendí a lo lejos. Menos mal saben por quién vienen y seguro se equivocan de bus, porque los ricos de veras ricos viajan en avión. Ese privilegio es para una o dos veces al mes, nunca para un viaje de última hora. Todos aquí somos clase media que necesita hacer vueltas temprano en Sogamoso y depronto se devuelve en el bus de las 4 de la tarde. Otros, como yo, están buscando la forma de saludar temprano a la familia y darse un buen beso con la esposa.

Todo pasó muy rápido, depronto estábamos todos de vuelta en el bus. El conductor con un arma en su cabeza, una señora llorando, un señor rezando, yo no podía pensar bien. En vez de seguir a Sogamoso por la carretera, el bus giró a la derecha en Vado Hondo y siguió rumbo a Labranzagrande. -Nos jodimos-, pensé. No había nada que hacer, una vez en Labranza nadie iba a salir rapido. Si se llegaran a enterar para quién trabajo yo me voy a quedar en la selva por muchos años, nunca podrán pagar mi rescate. Hice una cosa que no hacía desde la muerte de mi papá. Me puse a hablar con Dios, le pedí que le diera fuerzas a Eliane para cuidar de los niños, a ellos que les diera lo suficiente para que siguieran estudiando y que por favor tuvieran un sano recuerdo mío. Pensé en mi mamá y se me agüaron los ojos, ella que ya había sufrido tanto en la vida y merecía un tranquilo descanso tenía ahora que sufrir la muerte en vida de uno de sus hijos. Pensé en las cosas que me faltaron hacer, comprarme un rancho bien lejos, armar mi fundo en el llano llano, en ir a viajar en carro por Sudamérica con mis hijos como hice con mi mamá cuando estaba en la universidad. Me faltó tener una niña, hacer más amigos.

En un punto nos hicieron bajar y caminar a la orilla de un río. Otra vez mi papá, me acuerdo que en ese río nos bajábamos a orinar cuando veníamos a Labranzagrande. Al bus le prendieron fuego, -para que los hijueputas esos del ejército aprendan-. Aprendan qué, que ellos pueden quemar buses, serían muy idiotas si no lo supieran, eso sale en las noticias todos los días. Me quedé viendo al niño que llevaba el arma más grande. Debe tener casi la misma edad de Santiago, mi hijo mayor, si viviera en nuestra casa tendría la misma diferencia de edad que Fernando y yo. Seguro pelearían mucho. Con seguridad no tendría esa cara de odio, lo peor es que puede que la tenga, hace tanto no veo los ojos de mis hijos.

Caminamos unas dos horas, nos desviamos de la carretera y ya estaba seguro que no íbamos rumbo a Labranzagrande. A dónde nos llevaban, podía ser a Pisba o Paya. Podían hacernos caminar por el piedemonte a la Zona de Distención. Menos mal nadie se iba a enterar pronto de esto. Unos helicópteros sonaron a lo lejos, nos salvamos, nos mataron. Nadie sabe. -Vamos a ver si esos hijueputas tienen tantas ganas de cascarnos ahora-. La caminata duró unas tres horas más. El sol estaba alto y en esas peladas montañas de páramo nos quemaban sus rayos y la terrible combinación de frío, viento helado y deshidratación. Unas dos horas después de caminar por el páramo comenzamos a bajar y estuvimos rodeados de selva húmeda por otras dos horas hasta que llegamos a un campamento. Parecía nuevo, estaba desordenado y con poca infraestructura. Nos dieron una sopa rala y nos dijeron que esperaramos que las órdenes estaban llegando, que ya iba a ver qué hacían con nosotros.

Nos pidieron una dirección y un teléfono donde se pudieran comunicar rápido con nuestras familias. Plata, necesitan plata rápido, el ejército les debió atacar algún campamento y necesitan comida. Menos mal, Eliane puede vender unas vacas o pedir prestado ¿Cuánto querrán? 10, 20, 50 millones cabeza. Dimos los datos y nos fuimos a sentar en un claro donde nos estaban vigilando. Llegó un comandante y fue llamando nombre por nombre. Fui de los primeros, me dieron un teléfono satelital y un parlamento: Hola ______ (espacio para el nombre del familiar) estoy secuestrado, estoy bien, me tiene el glorioso Ejército del Pueblo, las Fuerzas Revolucionarias de Colombia. Necesito que llames al Batallón en Sogamoso y en Yopal y les pidas que paren los combates en el piedemonte. Si no lo hacen nos van a usar de escudos humanos. Viva Colombia libre. Le agregué un abrazo para todos.

Me llevaron a otro claro donde estaban los que ya habían pasado al teléfono y estaban todos llorando en silencio. -Tranquilo gomelo, todo sale bien si el ejército deja de echar bala, si no, pues llore y rece para que Diocito lo reciba con los brazos abiertos-. Por primera vez en mi vida entendí el concepto de la mente en blanco, no podía pensar. Nada tenía sentido. Otra vez helicópteros. Será que Eliana logra hablar con alguien importante, será que tiene cabeza para pensar. Santiago estudia con el Comandante. Santiago sus ojos, tendrán odio. Mi mamá puede hablar con Fernando, él debe conocer a alguien importante en la Fuerza Aérea. Será que mi mamá ya sabe, todavía tendrá lágrimas. Agustín, no había pensado en Agustín, él que siempre vive en su mundo, que no hace daño, que nunca pone problemas. Santiago, jode, jode mucho por favor, pero no hoy. Eliane no te estreses por Dios. Dios haz algo.

La información era muy pobre, que venían a unos 10 kilómetros, que nos prepararan, que se estaban yendo, que nos estaban rodeando, que los helicópteros que habíamos escuchado eran de la petrolera, que era la policía antinarcóticos, que era la FAC. Nada tenía sentido. El almuerzo que planeaba cocinar ya debía estar en la barriga de los tres. La yuca que llevaba se debió quemar en el bus. Nada tenía sentido.

Oscureció y todos seguíamos en ese claro. Estábamos muertos de cansancio pero no conciliabamos el sueño. Ojalá los niños estuvieran dormidos, ojalá Eliane no le haya dicho nada a su mamá en Brasil, ojalá mi mamá pueda cerrar los ojos y no pensar, ojalá nadie rece, pero todos hablen con Dios. Ojalá no aparezca en la casa un cura doctrinero ni las vecinas que cumplen con su cristiana necesidad por el chisme.

A la madrugada nos hicieron caminar otra vez. Morimos me imaginé. Antes de salir nos dieron una aguapanela, que parecía agua con un poco de azúcar morena. Escuchamos tiroteos. -Paren que tenemos a los civiles, si los matan es su culpa- le gritaban a las montañas. -Si ven como es su ejército, los quieren matar, después fijo los ponen como caídos en combate-. -Si los sentimos muy cerca les damos nosotros mismos- volvían a gritar y escuchábamos el eco. Caminamos siempre rodeando a un grupo de unos 30 guerrilleros. Depronto pasamos la cima de una montaña y al otro lado nos encontramos con otro grupo. Ahí se quedó el comandante y nosotros seguimos caminando. Al rato escuchamos carros. Será que estamos cerca a Nunchía o a Támara. Este paisaje de Piedemonte es imposible de identificar. Llegamos a un sitio de una carretera sin pavimentar. Lo reconocí al instante, aunque me pareció extraño que estuvieramos tan cerca de la vía del Cusiana. Ahí nos soltaros y se metieron otra vez a la montaña y desaparecieron. Echamos dedo, nadie paró. En Huerta Vieja y Quebrada Negra no había más que polvo. Nos tocó caminar hasta Pajarito. Allá que habían oído la historia nadie quería hablar mucho con nosotros.

En Telecom la señora, que me conocía de hace años, me prestó el teléfono y me contestó Santiago. -¿Qué haces fuera del colegio?-. -Esperándote, mamá, es mi papááááá-. -Alejo, Alejo, ¿dónde estás?-. -En Pajarito, hermosa, voy a irme a Yopal y esta tarde me voy en avión para Sogamoso, no te angusties todo está bien, te amo-. -Yo también te amo, aquí te esperamos, tu mamá está que se muere, la mía se viene mañana a Colombia, todo es una locura-. -No hables más, nos vemos en unas horas, te lo prometo-.

Juan Arenas

Hoy estaba buscando un artículo mío en las viejas Directo Bogotá para adjuntarlo a mi hoja de vida y me encontré con este que creo fue el último artículo que Juanito publicó en Directo. No quiero pretender que fui su gran amigo, eso sería un terrible mentira, pero sí lo conocía y fue en Directo Bogotá donde por fin pude conocer a Juan a través de mis propios ojos, antes lo había hecho a través de los de Cindy Bernal. Aquí les transcribo el texto de un gran hombre que murió en extrañas circunstancias el año pasado.

El derecho a tomar fotos

El nuevo Código de Policía de Bogotá en ningún momento
prohíbe que se tomen fotografías o se graben videos
en el espacio público. Si bien es cierto que los espacios
privados tienen autonomía para permitir la captura de
imágenes, también lo es que mientras no se esté dentro
de los límites de una propiedad privada, cualquier ciudadano
es libre de tomar fotografías o de hacer videos.
Es entendible que vivimos en una sociedad del miedo, donde
se cree que con una simple imagen se pueden planear
atentados, pero no se puede llegar al extremo de prohibir
que se tomen fotografías. A más de una persona le habrá
pasado que un policía se le acerca, mientras toma fotos,
a decirle que está prohibido y que se retire del sitio. De
igual manera lo hacen porteros vinculados a empresas de
seguridad privada. Pues bien, en una investigación hecha
por Noticias Uno respecto al tema, la Superintendencia de
Vigilancia y Seguridad Privada y las autoridades de Policía
confirmaron que no hay ninguna prohibición mientras no
se esté, como ya se dijo, en propiedad privada o en inmediaciones
de instalaciones militares o del Palacio de Nariño.
Lo grave del asunto es que ni policías ni vigilantes saben
que la norma que pretenden hacer cumplir no existe, y los
fotógrafos y camarógrafos tampoco saben que les están
violentando sus derechos.

Juan Arenas

juanpacan@hotmail.com

lunes, 23 de febrero de 2009

Feliz

Hola a todas y todos, estaba ya saliendo para la universidad cuando me encontré en msn a un editor mexicano que me pidió un artículo y hablamos de otro que le estoy redactando. El caso es que palabras más, palabras menos me contó que mi artículo anterior había gustado mucho y que había sido incluído en la última edición del suplemento de su periódico. El caso es que logré portada y en la página web soy el artículo destacado. El diario se llama Despertar de Oaxaca y el suplemento se llama Ágora. Si quieren leerlo esta en http://www.diariodespertar.com.mx/Agenda/5/Suplemento/5644.html.
Un abrazo

domingo, 22 de febrero de 2009

Cosas que detesto

Mi amigo Mario Serrano (ya averigüé tu segundo nombre) escribió en su blog (www.des-genres.blogspot.com) una entrada con las cosas que detesto y me dieron ganas de hacer una lista, puede estar incompleta entonces es posible que se amplíe en el futuro.
Detesto la estupidez. Punto.
Detesto la mediocridad, si no puedes hacer algo bien, mejor no lo hagas. Si no vas a dedicarte a estudiar dale el cupo a otra persona, si no quieres trabajar deja que alguien más lo haga por ti.
Detesto la ignorancia. No porque todos debamos saber todo. No, no pretendo eso, pero me molesta mucho que la gente tenga un mar de conocimientos con un kilómetro de profundidad, que sus discusiones carezcan de argumentos certeros y válidos. Triste, pero la ignorancia generalmente está ligada a la mediocridad.
Detesto los buses de Bogotá. Es increíble que en pleno siglo XXI nos tengamos que aguantar a una partida de sinvergüenzas que hacen lo que quieren, que no se preocupan por la vida de los demás y que no reconocen que lo que ellos hacen es un servicio público y no un negocio.
Detesto los funcionarios públicos que no son proeficientes. Parece que mucha gente entra al servicio del Estado porque era la última opción y no atienden a los ciudadanos (sus empleadores) con el respeto que merecemos.
Detesto las filas, especialmente las de los bancos.
Detesto la gente que habla con uno en las filas de los bancos. No me interesa su vida, no me interesa que sepan de la mía.
Detesto la gente que habla con monosílabos en los chats y que no tiene la cortesía de decir adiós.
Detesto la gente que timbra insistentemente a mi celular, si tiene mucho afán prefiero que me gaste el minuto.
Detesto la gente que no se digna a contestar y no tiene la delicadeza de devolver la llamada.
Detesto la gente que cree que usando un solo color en la ropa está combinando.
Detesto el clima de Bogotá, pero no quiero vivir en otro.
Detesto la doble moral de las personas.
Detesto la hipocrecía ideológica.
Detesto dormir solo y con ropa, me gusta dormir acompañado y desnudo.
Detesto las colonias baratas o los olores fuertes y/o dulzones, no puedo con ellos.
Detesto la comida callejera, no puedo comer un pincho de carrera 13 o una ensalada de frutas en la séptima.
Detesto los sitios que se reservan el derecho de admisión.
Detesto los restaurantes que no tienen menú en español.
Detesto los políticos corruptos.
Detesto RCN radio y televisión.
Detesto a Vicky y a Claudia Gurisati.
Detesto los colegios que no enseñan bien el español a sus estudiantes, léase CNG.
Detesto tener que ser indiferente muchas veces.
Detesto no haber cumplido todas mis metas.
Detesto que esta lista sea tan larga.

Gracias por los comentarios

Hola a todas y todos, muchas gracias por los comentarios en el nuevo diseño, a quienes lo hicieron por Facebook, MSN y por aquí... El bayabuyiba se va a quedar como está por un tiempo. Un abrazo.
PS: Mario mi espíritu de periodista no me deja descansar hasta no saber tu segundo nombre. Esa búsqueda es mi nuevo proyecto de inverstigación

Ganas y realidad

Me quedé acariciando su pelo, oliendo esa deliciosa mezcla de grasa y champú que tanto me gusta. Me quedé rozando circularmente sus párpados, labios, nariz. Me quedé contemplando sus puntos negros, sus perfectos y desperfectos. Me quedé con ganas de gritar, de decirle que es posible un 'y vivieron felices por siempre'. Me quedé con ganas de dormir en su pecho aunque estaba feliz de que durmiera en el mío. Me quedé con el corazón tranquilo, no quería que se despertara con los látidos acelerados que me había provocado minutos antes.

Me quedé pensando en la primera canción que me dedicó. Una bella letra con un significado muy importante, no puedo dejar que por un segundo se nos olvide que estamos enamorados. Me quedé con ganas de llamar a ordenar flores amarillas para que mañana cuando se despertara el cuarto estuviera brillando con el color del sol. Me quedé con las ganas de escribir un poema y dejárselo en uno de los bolsillos de los pantalones que estaban en algún lugar del piso. Me quedé con las ganas de ir a bailar y que todo el tiempo estuvieramos dando vueltas apretaditos.

Me quedé dormido contemplando su perfil. Cuando me desperté estaba yo escuchando su corazón con sus piernas sobre las mías y su brazo acariciando mis hombros. -Buenos días-, me dijo y yo le respondí con una sonrisa, un beso en el corazón. Mi mente le gritó buenos no, buenísimos y mi boca dijo -Serán mejor si me das un beso-. Mi corazón se asustó, nunca había visto a la boca tan osada. Mi mente se puso feliz, por fin cada parte del cuerpo estaba dando señales de autonomía. Los labios se estiraron, los ojos decidieron quedarse abiertos. La lengua estaba con ganas de salir de la cárcel de los dientes. Las manos estaban desesperadas por hacer caricias, las uñas querían deslizarse delicadamente por su espalda.

Un par de segundos pasaron para que todo eso fuera posible. Cuando por fin nuestras bocas se unieron un corrientazo corrió desesperadamente por mi espalda y de repente tenía unas impresionantes ganas de dejarme llevar por el deseo. La mente tuvo que llamar al orden. El cuerpo se rebeló, no había espacio para las represiones, no podía haber intentos de Estados de sitios, nada de barrotes o cuerdas. Nada.

Atrás quedaron las ganas, se convirtieron en realidad. No hubo momentos para pensar dos veces. Así fue. Al final el sudor corría por mi espalda, por la suya. Nuevamente descansaba sobre mi pecho. No hubo como destruir la deliciosa sensación de creer en el amor. No hubo como hacer desparecer la sonrisa de nuestros labios. No hubo como explicar que no hay cosa mejor que dormir con el amor en los brazos y despertar en los brazos del amor.

jueves, 19 de febrero de 2009

Cuando el río suena

Hace casi un año cuando comencé El Bayabuyiba escribí una columna de opinión que se llamaba 'Mucho Indio'. No creo que muchos de ustedes se acuerden de ese artículo pero hacía una advertencia que parece confirmada hoy. Palabras más, palabras menos advertía de las tristes decisiones burocráticas del Alcalde Samuel Moreno. Una de las cosas que no alcancé a insinuar para no sonar paranóico era la cercanía de la vieja y tradicional política Samperista en la Alcaldía Mayor.

Nadie debe olvidar que la ANAPO, partido de la familia Moreno Rojas era la peor enemiga del Frente Nacional y terminó devorada por la corrupción y la sinvergüencería de los años posteriores. Los Moreno, salvadores del Presidente Samper durante el Proceso 8000, se quedaron con el Seguro Social y Ecogás. Esas empresas se convirtieron en su fortín político y económico. Aquellos que no se acuerdan mientras se acababan los recursos de los pensionados del Seguro, los Moreno construyeron unas impresionantes oficinas administrativas de la empresa para guardar sus porquerías.

Cuando Samuel se lanzó a la alcaldía yo no lo podía creer. Por eso apoyé la candidatura de Juan Carlos Florés y subconcientemente esperaba que María Emma Mejía se quedara con la candidatura del Polo. Tristemente esa candidatura se acabó pronto, nadie sabe bien por qué. Después en la campaña Moreno demostró como le gusta el clientelismo al responder una pregunta de Antanas Mockus para el Canal Caracol. Voy a confesar que el día de la elección cambié mi voto y me decidí por Enrique Peñalosa. No era mi candidato favorito, pero al menos era la completa antítesis de Moreno.

Después quedé sorprendido con algunas secretarías como la de Gobierno o de Hacienda. Nunca me imaginé que ellos fueran a ocupar los cargos y quedé un poco tranquilo. Sin embargo, como suele pasar en este país los periodistas nos quedamos dormidos. Hoy cuando Gustavo Petro nos volvió a despertar nos dimos cuenta que Moreno había nombrado a Mónica de Greiff, gran amiga y defensora de Samper, en la gerencia de la Empresa de Energía de Bogotá y que muchos de los puestos técnicos están ahora en manos de amigos de sus amigos.

Triste que la izquierda radical en vez de cerrar filas en contra de la corrupción salió a defender a Moreno. Jaime Dussán, famoso por sus corrillos burocráticos para callar a FECODE, fue el primero en servir de escudero y después Wilson Borja, el payaso de los sombreros, dijo que Petro ahora se había vuelto gobiernista y no atacaba a Uribe sino al Polo.

lunes, 16 de febrero de 2009

Una mañana constante

Me quedé en la cama esperando su respuesta. No me dijo nada. Simplemente eyaculó y se fue a bañar. Siempre hace lo mismo. Una vez le pregunté que lo llevaba a la ducha después del sexo y sentí un horrible dejavú, me respondió lo mismo que un amante le dijo una vez a Miranda en Sex and the City: el sexo sin intención de reproducción es pecado. Hoy ni siquiera fue capaz de decirme eso, no me dijo mentiras. Sólo se quedó callado.

Afuera llovía, esa horrible llovizna matutina con gotas diminutas y heladas que se meten por los poros y enfrían hasta los huesos. En mi cama no caían gotas de nada y aunque tenía varias cobijas encima tenía el mismo frío de las personas que esperan el bus o salen a caminar. Prendí el radio, usualmente las tristes noticias me ayudan a despejar la mente. Yo sé que es triste pensar que los muertos me ayudan a librar mi cerebro de cosas idiotas, pero así es, cada vez que escucho que hubo masacres, bombas o ataques aquí o en el culo del mundo me pongo a pensar en sus desgracias y pronto las mías desaparecen.

Está bravo, lo sé, no es mi culpa, ayer me preguntó si me quiero casar con él y le dije que no. Lo amo, pero no puedo ser su pareja, me gusta ser su amante. No veo una relación fuera de la cama, mi clítoris no puede imaginar un momento sin el roce delicioso de su pelo contra mi piel casi desnuda, en cambio mi cabeza sabe que moriríamos en el intento de llevar una cotidianidad juntos. Siento un profundo deseo de estar con él todas las noches eso no es suficiente. Le profeso un inmenso afecto y eso no me basta para querer vivir con él.

Hoy mientras me penetraba con fuerza y rabia le pregunté si le gustaba. No me dijo nada, me metió la lengua en la boca y la dejó ahí un buen rato jugando con mis dientes. Después se vino y se fue. Me quedé tendida aquí en la cama con las piernas tan abiertas como él las había dejado y con esa extraña necesaria necesidad de que me dijera algo. Dime que sí y te dejo que me penetres otra vez, ahí está, dime que sí y te dejo que me lo metas por el culo, dime que sí y nunca te vuelvo a pedir que te afeites las güevas, dime que no y te lo corto.

Soy una idiota, lo sé. Anoche este hombre me dijo que nos casaramos, me mostró un anillo, me ofreció una casa, un carro, me dijo que no tendría que volver a trabajar. Quién se cree que es para decirme que no voy a volver a trabajar. Trabajo por gusto, no para mantenerme. Puede ser que ambas razones sean una sola. Puede que trabaje porqeu no sabría qué hacer con el tiempo libre. Acaso él pretende que me vuelva una sirvienta, que le tenga la casa limpia y la comida caliente. No está ni tibio. No quiero ser una empleada y así sigo siendo una idiota. Para qué le pregunté si le gusto, no es obvio. El anillo en la mesa dice que sí.

En la radio está hablando el presidente, será que ese señor no se cansa de decir mentiras y pendejadas. Cambio de emisora, es la hora de rezar, vuelvo a cambiar, ahora hay una música romántica en portugués, me va a dar sueño, busco otro dial, el tarot. Apago ese asqueroso aparato. Él sigue en la ducha, será que se piensa ahogar, se estará haciendo la paja. Me levanto desnuda y lo veo en la ducha pasandose el jabón por el pene. Me acuerdo de la primera vez que lo vi y me da risa. Tiene un pene feo. Todos los pipís son feos, el suyo en especial. Es zurdo, entonces su pipí se inclina de una manera rara. Nunca había estado con un hombre que tuviera un pene así, su cabeza es grande pero puntiaguda, su tronco es deforme, está circunsidado, los pelos van desde las bolas hasta bien arriba, casi llegan al orificio de la uretra. Me quedo viendo su pene. Me dan ganas de meterlo en mi boca, así con jabón, y comerme el semen.

No hay tiempo, me meto a la ducha con él. Se enjuaga y se va. Me baño en dos segundos, mojo el pelo, no me importa, prefiero tenerlo con rizos que liso artificial. Hoy no estoy para ser artificial. Cuando salgo él ya está vestido y tiene un pedazo de pan en la boca, balbucea alguna cosa y se va. Vete, vete le grita mi cerebro, vete y no vuelvas. Vete y vuelve mañana en la noche le pide mi vagina, mi clítoris, mis labios. Se fue y me tengo que apurar.

domingo, 15 de febrero de 2009

Un saquito de lana

Hoy salí con frío, odio el frío. Odio tener tantos años, odio que mi mamá ya no me cuide tanto. El frío, ese compañero incondicional de mi vida. A veces pienso que no lo odio, que lo amo. La edad, simples 20 años, en otros 20 tendré 40 y en 20 más 60 adportas del infierno, si no me ha matado el tedio o el frío. Mi mamá solía hacerme saquitos de lana para protegerme del frío, para darme calor, para tener seguridad, para no enfermar. De todo eso no me queda sino el frío. No me abandona.

Mientras salía me dio rabia, envidia. Odio la envidia, al igual que el frío ella siempre está ahí. Envidia de las parejas que se dan besos, que se dan calor, que se tienen para apoyarse, que se ríen de chistes internos, que tienen claves para hablar, que se dicen cosas lindas, que se dan detalles románticos. Eso me da envidia.

Me monté en un bus. Vi gente linda, vi hombres recíen salidos de una obra en construcción, vi señoras del aseo con sus manos brillantes por el jabón, vi a universitarias buscando al hombre ideal, vi parejas que esperan la noche para dejar salir sus más profundos deseos. Escuché música popular, me cansé. Dormí. Desperté y estaba en un mundo raro, con edificios altos e imponentes, lugares en los que escanean a la gente para entrar. Al lado de esas brillantes torres de mármol gente con cochecitos de bebé llenos de dulces. Al lado de esos carros, un par de perros trata de oler los baúles buscando bombas.

Aquí es mi lugar. Mejor este es mi destino. Me levanto lentamente y camino hacia atrás, rozo las nalgas de un joven y las tetas de una señora con cara amargada. Ella sonríe, como si nadie le hubiera hecho un favor sexual en muchos años. En cambio el tipo se voltea y simula una expresión de rabia. -Dilo, dilo, te gustó- dice mi mente. -Sí, me gusto mucho- responde su pene. Mi mano derecha trata de mantener el equilibrio del cuerpo mientras la izquierda se acerca a tocar el tiembre. Bajo los escalones lentamente y una bocanada de humo me da la bienvenida a una acera extraña.

Odio esa combinación entre primer mundo y tercer mundo que pretendemos simular. Me gusta el primer mundo con sus comodidades. Me gusta el tercer mundo con su sencillez y tropicalismo. Pero juntos no restan, no suman, no hacen un mundo diferente. El caso. Estoy aquí porque extraño los saquitos de lana de mi mamá. Ella ya no me mima, tampoco me habla, menos me teje. Aquí, en el centro de los negocios a veces las mujeres encuentran los productos que buscan. Yo busco un saquito de lana. No importa que sea femenino. Sólo quiero que sea pequeño, a la medida.

El problema es que busco un saquito que no me cubra los hombros, que no me apriete el pecho, que no me caliente la espalda. Quiero un saquito de lana que me proteja el corazón. Yo sé que no parece, pero a veces me da miedo que el frío lo vaya a destrozar y me quede sin esperanzas en este mundo de dejar de sentir envidia, de tener calorcito, de hacer chistes de dos, de hacer el amor, de tener un apoyo incondicional en mi solitaria vida.

Caminé por horas, minutos, no sé. Pregunté en todas partes. Nadie supo darme razón. Nadie tenía de esos. En un sitio me sacaron con un: señor usted está loco. No entendí. ¿Loco? ¿Por querer un forro para mi corazón? Alguien debería explicarme. En fin, odio esas vendedoras que no entienden que muchas veces los compradores sabemos lo que queremos y no estamos dispuestos a comprar algo cuando estamos preguntando o viendo vitrinas. No se me ofrece nada, gracias. No te tengo paciencia. No me digas que eso está muy bonito. Ese color no está de moda. Te odio. Me dejas matarte.

Volví a montarme en un bus. Ahora eran jóvenes borrachos y ejecutivos en desgracia los que viajaban conmigo. Nada interesante que ver en los asientos. Trataba disimuladamente de taparme mis narices, el muchacho de al lado olía a un desagradable perfume barato. Afuera las luces de navidad me daban vómito. Odio las fragancias dulces que venden en las esquinas por tres pesos. Odio las luces de navidad, producen una terrible sensación de que la gente es feliz. ¿Son felices? No creo. Odio el vómito. Odio el olor del vómito. El olor del vómito me hace sentirme enfermo. Creo que del cuerpo de uno sólo debería salir aire, lágrimas, sudor, mierda y semen. El resto se queda donde está.

El viaje en bus es aburridor. Pienso, vuelvo a pensar. Miro las caras de desespero de la gente que viaja conmigo y me imagino un bollo de alimentos con trocitos de carne y pan subir y bajar por el esófago de varios de mis vecinos. Los veo pasar saliva. Los veo mover la cabeza al ritmo de los frenazos y arranques del señor conductor. Pienso, vuelvo a pensar. Me voy a tener que hacer el saquito yo mismo.

Cómo, cómo putas lo voy a hacer. No sé coser, no sé bordar, no sé tejer. Tengo que aprender. Mi mamá no me va a enseñar. Odio las manualidades. Odio a mi mamá. Odio que no me haya tocado ser mujer. Si fuera mujer la vida sería más simple. Sabría tejer, tendría hombres atrás mío, no parecería un perro cachondo detrás del culo de las viejas. Miento, no quiero ser mujer. No quiero derramar sangre una vez al mes. No quiero parir a nadie. Odio la sangre, no la soporto. Odio depender de la sangre para vivir. Odio los partos. Odio tener que agradecer por toda la eternidad las ganas de un hombre y una mujer. Odio pensar que todo mi cuerpo, no sólo mis dedos, pene y lengua, estuvo dentro de una mujer.

Bajé del bus, esta vez no le hice nada a nadie. Aquí, en los suburbios no hay forma de mostrar afecto. Aquí todos están muertos por dentro. Aquí todos están enamorados de sus millones, y sus casas, y sus familias, y sus carros, y sus mascotas, y sus sonrisas fingidas. ¿Por qué no se van la mierda? ¿Por qué no se acaba la clase media? ¿Por qué me tengo que agüentar esto? No entiendo. Igual no importa. No me recibió el humo de la calle, sino el olor de las flores. Me recibió un trancón de personas tratando de comprar, comprar y comprar.

Entré a mi casa. Tuve ganas de quemarla. Tuve ganas de destruirla. No pude. Odio mi casa. Odio no tener la fuerza necesaria para hacer las cosas. Voy caminando despacio a mi cuarto quitandome la ropa. Entro a mi recinto, lo huelo. Huele a mí. Huele a sudor, a semen, a sexo, a masturbarme en la mañana y hacer abdominales en la noche. Huele a televisor, huele a computador. Huele a pornografía, huele a hombres y mujeres que han pasado por mi vida.

Me acuesto y abro el portátil. Maldigo la internet inalámbrica de mis vecinos. Cierro y voy a orinar. Vuelvo y ya hay redes disponibles. Busco pornografía. Busco web-cam-sex. Me hago la paja frente a la cámara mientras un extraño mira y tiene un orgasmo voyerista. Me quedo acostado boca arriba con el semen en mi pecho, me dan ganas de tener alguien que lo chupe, que lo saboree y se lo coma. Pienso en el triste destino de esos espermatozoides, morir en un pedazo de papel. Me quedo dormido. Suena el teléfono, veo es mi abuela. Me da pereza hablarle. Seguro me va a regañar.

Decido contestarle, le digo tres pendejadas. Prometo visitarla. Odio hablar por teléfono, detesto que mi voz viaje por un cable. Odio las visitas, aborrezco sentarme con la gente a hablar de cosas idiotas en una sala al calor de un café. Quisiera que me metieran ese calor en mis güevas, en mi ano, en mi boca. Vuelvo a ver el semen en mi pecho. Pienso que ya no quiero un saquito para mi corazón sino uno para mi semen. Voy a preguntarlo la proxima vez.

Pienso en mi abuela otra vez. Vieja idiota. Esnobista, elegante, superficial y la vez intelectual. Ella sabe tejer. La llamo. Se sorprende. Le pido que me teja un saquito para mi corazón. Me dice que eso no se puede, que estoy loco. Otra vez loco. Pienso en la locura. Locos deben estar los espermatozoides en mi pecho buscando el óvulo que no aparece. Depronto están una orgía procurando morir con una sonrisa en la cara.

Odio la locura. Me levanto. Siento el semen escurrirse por mi estómago. Algunas gotas caen en el piso. Voy a la ventana y veo las estrellas. Así deben estar mis espermatozoides, extinguiendose como esos gases en el cielo. Pienso en la extinción. En el suburbio. En los edificios. En los perros y los coches. En los ejecutivos y las empleadas. Pienso en mi. Me canso. Mis piernas no resisten, mi cuello tampoco, mis manos tampoco. Quiero besar a alguien. Decido besar el piso del parque 12 pisos abajo y me lanzo.

viernes, 13 de febrero de 2009

Decidir

Estaba en mi camino a trascrbir la letra de Your Embrace de Shakira, una de mis músicas favoritas. Encontré un comentario del novio de una amiga que me puso una sonrisa en la cara y después de desconcentré con Facebook. Bueno el caso es que he estado pensando en Your Embrace desde esta mañana porque la letra me encanta y relata bastante bien lo que estoy sintiendo en este momento.

La canción empieza con un estribillo en el que pregunta de qué sirve tener 24 pulgadas de cintura si no está ahí la persona indicada para abrazar esos pocos centímetros (para los que nunca me han visto, soy muy flaco), de qué sirven esas mismas pulgadas si no son capaces de amarrar el amor. Después compara su vida con Londres porque sólo llueve, valiente coincidencia, en Bogotá no hace sino llover. Finalmente dice que espera que aunque son amigos espera que no sea muy tarde decir que lo que siente es amor.

Cuando estaba en Facebook me puse a pensar que me encanta Shakira, no puedo evitarlo. Muchas de sus músicas pueden ser totalmente armoniosas y su voz puede desafinar de vez en cuando. Lo que no puedo negar es que sus letras son hermosas. Puse en el iPod sus canciones y encontré que no sólo Your Embrace me hace sentir cómodo, también me siento como en Te espero sentada, ofreciendo mi corazón y mi vida como en Hey You, pensando que a veces los amores crecen y duran y florecen en los momentos menos indicados como en Hay amores, que quisiera que mi vida amorosa fuera como en Rules y Antología, finalmente lo único que sé es que, como Shakira, I'm Ready for the Good Times...

martes, 10 de febrero de 2009

La temporada 2009

Algunos creen que estoy mintiendo o molestando cuando me autoproclamo fanático de la fiesta taurina. No es mentira, me gusta ucho la fiesta brava. Quiero hacer varias impresiones antes de que cierren esta ventana o dejen de leer El Bayabuyiba. Primero, crecí al lado de los toros, no sólo los de comer, sino los de casta. Segundo, no acepto que haya gente que se queja de los pobres toritos pero le hace la vista gorda a los millones de personas que mueren de hambre en el mundo. Tercero, la muerte en una plaza es mucho más digna que aquella en los mataderos, lo digo porque he presenciado ambas.

Ahora debo explicar que sí los toros sufren una media hora de tortura después de vivir como reyes unos 5 o 6 años. Así es, las haciendas de toros de casta dedican sus mejores pastos y cuidados a los toros que una tarde representarán el nombre del ganadero y su tradición criadora. El buen trato es tal que muchos soñaríamos que la carne que compramos en los supermercados viniera de tan nobles musculaturas. Los toros que se escogen con ojo milimétrico reciben los mejores potreros y en general no los mueven de un buen espacio abierto y empinado. Conocen los camiones la mañana de la corrida, no puede ser antes porque el desgaste los daña. Diferente de los que vienen a Bogotá para consumo humano, esos que deben soportar dos o tres días de movimiento en camión sin comer y luego una muerte infame generalmente por desangre y no por una estocada.

Los toros me gustan, las corridas también. Ser torero es uno de esos sueños frustrados. He toreado apenas una vez, una novilla con César Camacho en el ruedo del silo en Suescún. Me encantan las corridas de rejones, esa maestría con la que manejan los caballos y el toro. Bello espectáculo.

Este año la temporada tuvo un especial significado para mi. Primero, conocí a uno de los mejores rejoneadores del mundo, Joao de Moura Jr. (ya conocía a Dayro Chica y Fernando López, ambos conocidos en Colombia, pero irrelevantes en el mundo). De Moura heredó la gracia lucitana de su papá y la conexión especial con el caballo, para hacer quiebres y espectáculos de una nobleza indiscutible. Lo conocí en las peores condiciones, después de una lesión en la muñeca que por poco lo deja por fuera de los ruedos colombianos, estuvo en Cali, pero canceló en Manizales y Duitama. Finalmente hizo un esfuerzo y toreó en Bogotá. Tuvo la suerte de ser operado por mi tío y a él le dedico uno de los toros. ¡Que dicha y que envidia!

También este año fue diferente porque extrañé a César Rincón y a César Camacho, ambos excelentes toreros, el primero más que el segundo, el segundo con méritos para ser más de lo que la gente dice que fue. Este año llovió en Cañaveralejo, brillante sorpresa que por poco acaba con la corrida nocturna y en Duitama por fin escampó.

Este año también hice un propósito, el año entrante voy a la Santamaría, me llevo al que me acompañe. Si aquí nadie se hace voluntario invitaré a mi papá.

lunes, 9 de febrero de 2009

Día del periodista

Según la Ley el día del Periodista es el 4 de agosto, creo. Digo creo porque el "honorable" Congreso de la República dijo un día que nuestro día era en agosto y no en febrero. Qué cosas ¿No? Poco me importa lo que digan nuestros congresistas al respecto, la tradición y la historia nos han dicho que hoy, 9 de febrero, es el día de los periodistas en Colombia.

Este año celebramos esta fecha con un tono agridulce. Sí, es triste como el ejercicio de nuestra profesión cada vez es más complicado no sólo en Colombia sino en el resto del mundo. En nuestro país la semana pasada fue la semana de los periodistas, más que de los secuestrados. Primero a uno, olvidando las buenas prácticas profesionales, le dio por destruir simbólicamente al gobierno de Uribe y terminó poniendose la soga al cuello. Otro en el afán de la chiva y de sus intereses antiuribistas (no nos digamos mentiras ni Hollman ni Botero son opositores, son antiuribistas, que no es lo mismo) les salió el paso a un rescate de rehenes; no faltan los que le encuentran razón diciendo que esa es la misión de los periodistas: ir detrás de la chiva. Una cosa es mostrar los acontecimientos de la actualidad y otra es casi dejar en la selva a un puñado de soldados, policías y civiles.

Después al Comisionado de Paz se le olvidó el ensayo sobre la ternura y resultó cubriendo con un manto de sombras el proceso de liberación de Alan Jara, por poco y Colombia hace noticia no por la liberación pero por el fin de la libertad de prensa.

Toca hablar también de los millones que ganaron los noticieron transmitiendo en vivo y en directo las liberaciones, los abrazos, los bostezos, los ronquidos y hasta las comidas de los recién ex-secuestrados. Nada que hacer, no los dejaron en paz, no aprendieron que también hay que darles espacios de libertad y de regocijo con sus familias.

En Venezuela las cosas no están nada mejor, en Ecuador ni hablar. En Perú no se habla de la situación social que vive la gente fuera de Lima, en Argentina todos tienen que rendierle culto a la familia Kirchner. En Bolivia tienes que tomar partido en la destrucción de un país que desde hace poco busca la forma de volverse dos. En Nicaragua, bueno qué se puede esperar de un presidente que se siente lo mejor que ha parido la tierra pero que se junta con lo peorcito. En Chile, Costa Rica y Panamá las cosas están mejor, debe ser que tienen más plata o menos problemas. En Brasil acostumbrados al amarillismo les encanta ver sangre en las favelas, sangre que no importa, y se escandalizan con la sangre de la clase media y mueren con la sangre de los ricos.

Celebrar... más bien poco. Nos toca es reflexionar.

domingo, 8 de febrero de 2009

De vuelta

Hay una canción que se llama Pra nao dizer que nao falei das flores casi una excusa para hacer una música linda. Este post debería tener un nombre así porque es poco, por no decir nulo, lo que tengo que decir aquí. Creo que fue una respuesta medio inconciente a la idea de tener comentarios en mi escrito sobre el pene, pero parece que a nadie le interesa mi miembro.

Mejor así, creo. No le causo envidia ni curiosidad a nadie. Me evito los celos. Me quedo con la sensación de que mi blog no trasciende. Me quedo con las ganas de saber que la gente me lee. Me quedo con el hueco en el estómago porque no tengo nada que aportarle al mundo. Me quedo con la sensación de que le grito al mundo y simplemente me devuelven el eco.

Bueno pero no puedo escribir este blog sin hacer un poco de análisis de lo que pasó en esta semana. Por fin renunció el Ministro de Agricultura, yo creí que nunca se iba a lanzar al ruedo. Que pesar se va a quemar en su candidatura, nadie va a votar por él, le falta carisma y experiencia. Por fin liberaron a los últimos secuestrados políticos y civiles que tenía las FARC, ahora les toca liberar a los soldados y policías en su poder y a los otros cientos de civiles que secuestraron para exigir un pago para que esos cientos recuperen la libertad. Que bonitas las palabras que dijo Sigifredo López, que falta de tacto tuvo Alan Jara. Vimos a un Presidente fuera de lugar y a unos periodistas qeu casi arruinan la misión humanitaria. Vimos a una Piedad más tranquila y más política, pensando en los votos tal vez. Vimos a un Comisionado de Paz arrogante y a unos liberados que hicieron mucho ruido en Colombia pero escasamente fueron una breve en la prensa internacional, el síndrome Ingrid está libre.

martes, 3 de febrero de 2009

Las tetas de Vanna

Decidí hablar de la anatomía de mis amigas así no más. Comencé por Marce, porque ella es la culpable de esta idea. Después pensé que sería justo hablar de los atributos físicos de mis otras amigas, la delgadez de Juliana, la piel de Sandra, la cara de Vane, las caderas de Ailín y las, las qué de Vanna. Vanna se destaca con Marce por una cosa, las tetas chiquitas. Entonces tocó hablar de las tetas de Vanna.

Vanna, mi querida Vanna, la loquita que tiene el pelo alborotado, ella que se precia de ser hermosa y cautivadora (la verdad lo es) no puede competir en un concurso de belleza, le harían falta los 5 milloncitos para ponerse las teticas y tocaría quitarle una buena porción de su cerebro. Bueno pero no estamos aquí para hablar de cerebros o concursos de belleza sino de tetas.

Está bien, ya sé, no son tetas, son teticas, chiquitas, ovaladitas, desproporcionadas. Comecemos por el final, son desproporcionadamente pequeñas, a Vanna le falta bulto adelante que le haga resaltar el par de nalgotas que tiene y que le combinen con ese abultado pelo que vive jugando con el viento. Son ovaladitas, no alcanzan a ser redondas, no le he visto nunca los pezones pero me los imagino oscuros, puntiagudos y parados, gritando que existen, que les hagan una caricia con la lengua, que los muerdan, que los hagan sentir vivos.

Las de Vanna no necesitan brasier para existir, son lo que son y punto. No necesitan relleno, no necesitan copas (creo que no soportarían un hierro dándoles forma), son rebeldes y anárquicas, tal como la mente de su dueña. Las teticas de Vanna son una tímida invitación a recorrer el camino de la lujuría y el placer, que atraviesa el ombligo, corre por el clítoris, se pierde en el vello púbico y termina con arrunche en la vagina del placer. Las teticas de Vanna no quieren violencia, quieren ternura; no aceptan invitaciones, son las que invitan; no claudican en la búsqueda del placer, siempre están explorando e innovando.

Esas son las teticas de Vanna, a diferencia de las de Marce, están ahí para contemplar y disfrutar.