lunes, 26 de enero de 2009

Un tema aplazado

Dicen que los siglos se inauguran y terminan con eventos que cambian la geopolítica global. El siglo XIX comenzó con las revoluciones francesa y estadounidense en las últimas décadas del XVII y terminó bien entredo el XX con el asesinato del Archiduque Francisco Fernando. Ese magnicidio que significó el inicio del siglo XX tuvo una serie de implicaciones que dieron al último siglo del milenio un carácter especial. Por un lado, la Primera Guerra Mundial consolidó a Estados Unidos como una gran potencia, la más importante de los decenios por venir, la salvadora de Europa, la grande del Atlántico y del Pacífico, la del progreso, la de la industria, la de la guerra. Por otro, generó la más importante revolución del siglo, la bolchevique, que trajo al comunismo a las grandes esferas internacionales y comenzó una era que empezó a terminar hace 20 años.

El siglo XX se consolidó con la Segunda Guerra Mundial y todas sus lecciones, el definitivo poder de Estados Unidos, el ocaso de Europa y el surgimiento de la Cortina de Hierro, una pared imaginaria que dividió al mundo entre el comunismo y el capitalismo, entre la URSS y EEUU, entre la Europa del Este y de Occidente, entre Berlín de un lado y del otro, entre los países bajo la influencia gringa y la ingluencia rusa. Es difícil pensar un evento de los años después de la Segunda Guerra que no tuviera que ver con la nueva forma de ver el mundo. Con la forma de ver el mundo en el siglo XX. Desde la Guerra en Oriente Medio, hasta Vietnam; de la separación de Corea a la independencia de las colonias africanas; de las guerrillas y paramilitares en América Latina a las dictaduras en medio mundo.

El siglo XX fue muy corto duró desde 1914-1919 hasta el periodo 1989-2001. No alcanzó a vivir 100 años. Cosa diferente fue el XIX, que duró como 120 años. El 2009 debe ser un momento oportuno para mirar atrás y ver las lecciones que nos dejó el comunismo 20 años después. Una Europa diferente unida por una bandera azul con estrellas amarillas.

Hace 20 años entrar o salir de Hungría era prácticamente imposible, la frontera con Austria, su tradicional aliado estaba marcada por una extensa cerca de púas y puestos de control estaban dispuestos a descubrir disidentes y activistas que entraban o salían del régimen. Hoy Hungría hace parte de la Unión Europea, sus ciudadanos hacen parte del sistema Schegen y usan todos los días el Euro. Polonia, el antiguo bastión de la URSS desde donde se lanzaban planes de expansión del comunismo y se mantenía a raya el capitalismo es hoy uno de los estandartes del crecimiento comunitario europeo y sus pobladores, antiguos productores de comida para la subsistencia hoy trabajan en fábricas de compañías multinacionales o transportan petróleo y gas desde y hacia Rusia.

El panorama es similar en Georgia, Usbekistán, Arzebaiyán y la República Checa, en Sebia, en Eslovaquia, los países Bálticos y demás. Tristemente Cuba y un puñado de naciones africanas no entendieron que los tiempos cambian. No estoy defendiendo el capitalismo per-se, ni más faltaba, pero los comunistas se equivocaron porque nunca fueron capaces de cambiar, la única buena cosa de los capitalistas. Los comunistas que cambiaron, China, Vietnam, hoy tienen una vida mejor, mejor que la comunista y la capitalista.

Ellos descubrieron que planear todo milimétricamente como hacen los comunistas es bueno, pero que el mercado tampoco le hace daño al mundo. Hoy 20 años después de ver caer las barreras húngaras sería bueno ver como China puede ser la llamada a salvar el capitalismo y no, como decían en los años 70, el capitalismo estaba llamado a salvar a China.

El siglo XX se terminó de acabar el 11 de septiembre de 2001 con el atentado de las Torres Gemelas, que marcó la triste debacle norteamericana. La crisis del 2009 puede ser el surgimiento del siglo XXI, con China a la cabeza. Ojalá aprendamos que un poco de todo no hace daño, en cambio los extremos son viciosos.

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