domingo, 11 de enero de 2009

Museo del Oro

A finales de noviembre hice una improvisada lista de lugares que debía visitar en el transcurso de estas vacaciones y de planes que en época de descanso son impajaritables. Tenía extraordinarios acompañantes: Angie, Vanessa, Juli y los que se quisieran montar en el tren del turismo capitalino. Diversas circunstancias desbarataron el grupo y lo que comenzó como un antídoto contra el tedio se volvió una simple ilusión.

Aunque parece sorprendente logré reunir fuerzas y personas para ir a la ciclovía nocturna y por iniciativa de las gorditas tuvimos una entretenida "novena bailable". Los planes que faltaron hacer fue visitar el recién reinaugurado Museo del Oro y conocer el Planetario Distrital-Museo de Bogotá.

Hoy mis papás propusieron una visita al tradicional museo. Sin palabras, así quedé. Muchas cosas impresionan: la cantidad de gente que lo visita, lo buena que es la nueva exposición (la anterior también lo era), la cantidad de piezas, el ingenio de nuestros antepasados, la tecnología que está desplegada. La transformación del Museo de Oro es casi un inicio temprano de la celebración del Segundo Centenario de la Independencia. Miles de piezas que estaban encerradas y guardadas en las bóvedas del Banco de la República ahora las podemos ver todos.

Las salas muestran lo mejor de la orfebrería precolombina, que junto a objetos de cerámica, tejidos, momias y otros objetos indígenas son una forma de recordar nuestro pasado y honrar la memoria de quienes murieron por la codicia y el desenfreno español. Además de una simple muestra de piezas valiosas, el recorrido explica cosmovisiones, mitos, leyendas, formas de vida, técnicas de ingeniería y arquitectura.

El precio de recorrer los cuatro pisos, ninguno. Así es, los domingos es gratis y entre semana sólo es necesario poner 2800 pesos (un dólar gringo) para deleitarse con el más grande museo de su tipo en el mundo.

Ojalá que pronto podamos ver al Museo Nacional con una ampliación digna de sus bodegas y digna de un país que tiene que aprender a respetar su memoria y a crear conciencia colectiva de los procesos históricos que moldearon a nuestra sociedad.

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