sábado, 31 de enero de 2009

Mi pene.

Estaba hablando con Sammy sobre cosas que uno habla, diría el Cuenta-Huesos, así como cuando uno está hablando de lo que sea y surgió el tema de los penes. Bueno más bien surgió el tema de mi pene. No es mi tema favorito, pero a diferencia de muchos hombres no le tengo miedo a hablar del pene, no le tengo miedo al pene de otros hombres y tampoco me preocupa el tema de la castración. Mis buenos amigos y yo nunca hablamos del pene ni de sus experiencias ni sus alegrías ni sus tristezas.

Por eso esa conversación con Sammy fue sui generis, pero no fue la primera que tuve en esta semana sobre el particular. Entonces me puse a pensar en qué es mi pene. Lo primero que me vino a la cabeza fue el libro Florence de la A a la Z, en el que ella dice que no puede hablar de los penes porque no tiene uno entre las piernas. Yo sí tengo uno entre las piernas pero no sé que decir.

Voy a comenzar por decir que estoy contento con lo que he hecho con él. Todo me ha producido un tremendo placer, desde el simple movimiento ondular cuando me ducho hasta los más románticos momentos de amor, desde la sana experiencia de orinar hasta la relajante paja de media noche.

Voy a seguir diciendo que estoy contento con el tamaño. No es pequeño. No es gigante. No da risa. No da miedo. Es lo que es. No creo que vaya a sufrir de temprana impotencia y no he sufrido de precocidad. Hablando de eso, a veces es como demorado en salir el elixir del placer, pero mientras haya ganas y buena estimulación, eso no es problema.

Voy a terminar diciendo que no puedo imaginar mi vida sin un pene. No puedo imaginar mi vida sin el colgante entre las piernas, sin la delicia de una erección y el placer de penetrar. No quiero no tener pene.

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