Comencé a pensar en el sexo cuando las hormonas alborotaron mi cuerpo, cuando salieron pelos en las partes menos esperadas, cuando el pene creció y se engruesó, cuando la voz pasó a ser la de un hombre y no la de un niño, cuando las mujeres dejaron de ser una manada de seres insoportables a ser motivo de adoración, cuando la pijama amanecía mojada, cuando me tocaba acomodarme cada vez que hacía calor o que veía a una mujer muy sexy o la naturaleza me llenaba de sangre las cavidades de mi pipí.
Ahí comencé a pensar en sexo, pero una cosa era pensar en sexo y otra muy diferente era tener sexo. Como cualquier otro muchacho de mi edad usaba el baño, la cama, la siesta y la soledad para explorar mi cuerpo. Descubrí que contrario a lo que decía mi mamá el pipí no se caía si uno lo tocaba mucho, al contrario se hacía grande y con un poco de caricias bien situadas provocaba grandes oleadas de placer.
Con un poco de práctica, diría que una vez al día, me volví experto en encontrar los puntos que me hacían explotar, las situaciones que en mi mente recreaban un paraíso de placer. Sin embargo, hacer que esos momentos de relajación y paz mental se concretaran con otra persona era realmente un hecho de simple imaginación. El yo-con-yo monólogo corporal era mi fiel compañero. Mi timidez, sumada a ese desatado desinterés por lucir bien iban totalmente en mi contra. Un cuerpo rellenito, unas gafas redondas y un total desprecio por el deporte eran factores determinantes en mi escaso exito con las mujeres.
Mi mamá también decía que uno encontraba lo que no estaba buscando y que para todo había una primera vez. Así fue. Una calida tarde de películas con una "amiga" resultó en una tarde de besos, que llevó a un fugaz romance veraniego, si se quiere, pues duró poco y sólo por el tiempo de vacaciones. Ah, pero qué romance tan bueno. Las mieles del primer beso inspiraron varias pajas, claro que nunca imaginé que esos sueños mentales sobre el coito se fueran a hacer realidad.
Lo que pasó fue así, una tarde en mi cuarto, con las paredes amarillas por los rayos del sol estabamos conversando, mi mamá había salido a pasear el perro y nosotros estabamos viendo alguna estupidez en el televisor. Un beso, una caricia en los senos, una bluyineada, una lengua que recorría el cuello, unas camisas que cayeron al suelo son desespero, unos pantalones que incomodaban, un pene que no se controlaba, unas piernas que apretaban las caderas, un roce involuntario, primero la puntica (obvio), un gemido de placer, un gritico de dolor, un más, otro más, unas nalgas que aprendieron a empujar, otro gritico, unas ganas desaforadas, más gemidos, un chorrito de sangre entre las piernas, un beso increíble y una oleada de placer. El mundo se va a acabar, pensé.
Mentiras, el mundo no se acabó, el mundo empezó con el sabor salado del cuello y amargo de las orejas, con el sabor a una mezcla entre maiz pira y coca cola. Terminó con una explosión de chocolate, de leche condensada, de mango, de maracuyá, de sabores exóticos del trópico y de otras latitudes. A eso sabe, es una combinación extraña, loca, desatada. El sexo me supo a gloria. Así de simple.
sábado, 31 de enero de 2009
domingo, 25 de enero de 2009
Las tetas de Marce
Estaba leyendo una historia que escribió mi querida amiga Marce, si no me equivoco ella piensa hacer un blog con una serie de escritos eróticos por el estilo y si es así, El Bayabuyiba será su primer fanático.
El caso es que Marce estaba hablando de las pequeñas torturas que se vuelven una explosión de placer cuando uno está en la cama disfrutando de una buena tarde de sexo. Enumeraba, entre otras, las palmadas en las nalgas, los chupones en el cuello y las fuertes caricias que dejan dedos marcados sobre los senos. Pobre Marce, debe ser fanática de las nalgadas y los moretones de los mordiscos, pero de una cosa estoy seguro no puede disfrutar de los dedos marcados en las tetas. Es simple, ella no tiene tetas.
Lo que Marce tiene son unos coquetos prospectos de tetas, parafraseando a mi abuela son pichones de pezones. No puedo negar que dan ganas de tenerlos en las manos, pero una sola bastaría para acariciarlos, también debo confesar que mis manos son grandes. Ahora los mordiscos deben ser sencillo, finalmente tiene pezones pero debe ser difícil encontrarlos cuando se acuesta boca arriba. Tarea más sencilla puede ser el simple uso de la lengua para estimular terminales nerviosas y esperar que la anatomía haga su juego y aparezcan las teticas, como decía Catalina en Sin Tetas no hay paraíso.
Buenas noticias para Marce, sin tetas sí hay paraíso. Más cuando tiene esas grandes, redondas y meneadas nalgas...
El caso es que Marce estaba hablando de las pequeñas torturas que se vuelven una explosión de placer cuando uno está en la cama disfrutando de una buena tarde de sexo. Enumeraba, entre otras, las palmadas en las nalgas, los chupones en el cuello y las fuertes caricias que dejan dedos marcados sobre los senos. Pobre Marce, debe ser fanática de las nalgadas y los moretones de los mordiscos, pero de una cosa estoy seguro no puede disfrutar de los dedos marcados en las tetas. Es simple, ella no tiene tetas.
Lo que Marce tiene son unos coquetos prospectos de tetas, parafraseando a mi abuela son pichones de pezones. No puedo negar que dan ganas de tenerlos en las manos, pero una sola bastaría para acariciarlos, también debo confesar que mis manos son grandes. Ahora los mordiscos deben ser sencillo, finalmente tiene pezones pero debe ser difícil encontrarlos cuando se acuesta boca arriba. Tarea más sencilla puede ser el simple uso de la lengua para estimular terminales nerviosas y esperar que la anatomía haga su juego y aparezcan las teticas, como decía Catalina en Sin Tetas no hay paraíso.
Buenas noticias para Marce, sin tetas sí hay paraíso. Más cuando tiene esas grandes, redondas y meneadas nalgas...
sábado, 10 de enero de 2009
Comenzando el año...
No sé que decir sobre este 2009. Año de emociones encontradas, por un lado la alegría de estar con la familia en pleno y de tener planes espectaculares para lo que viene. Por otro la tristeza por la muerte de un amigo y la desazón de la guerra en Israel. Ni hablar de la payasada de las FARC y el gobierno con los secuestrados.
Por ahora sólo voy a decir que un puñal se llevó la vida de un excelente periodista y que todos tus colegas te vamos a extrañar Juanito. Juan Arenas murió porque ni la zona más exclusiva de la capital es un lugar seguro... paradójico, ¿no?
Por ahora sólo voy a decir que un puñal se llevó la vida de un excelente periodista y que todos tus colegas te vamos a extrañar Juanito. Juan Arenas murió porque ni la zona más exclusiva de la capital es un lugar seguro... paradójico, ¿no?
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