domingo, 31 de agosto de 2008

Reflexión de milagros

Es difícil pensar un minuto de nuestra vida que no haya estado marcado por el conflicto. Un día son las muertes de campesinos, al otro los vínculos de los políticos con los ilegales, el siguiente nos recuerdan que todavía tenemos miles de combatientes tratando de imponer la revolución o el orden. Desafortunadamente, muchas veces eso se queda en la simple cotidianidad, en el problema del día a día. Casi nunca trasciende. Por eso tendemos a olvidar a las víctimas, a los victimarios, a los que viven la guerra de verdad todos los días, bien sea porque alguien murió o está perdido en la mitad de la selva, o porque están inmersos dentro de la locura del conflicto.

A veces, toca que otros nos recuerden nuestro conflicto. Así fue como un mexicano se inventó una película basada en nuestra realidad. La de los campesinos que sufren la guerra, la de los niños que reclutan a diario, la de los secuestrados, la de las familias de los secuestrados, la de los guerrilleros que viven por la revolución y de los que ya están cansados de la vida en la selva. Esa guerra que alimentada por el narcotráfico ha permeado cada centímetro de la sociedad.

Por fin una película de nuestro país, con una excelente factura, que se sale del tema de la cultura traqueta, una película que nos cuenta una historia diferente, una donde no hay lugares comunes. Una película que ojalá la muestren afuera, para que la gente sepa como es el negocio de nuestra guerra. Una guerra que nadie quiere, pero que se alimenta de todos nosotros.

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