lunes, 4 de agosto de 2008

Encuentros casuales

La teoría diría que encontrarse con un conocido en una ciudad como Bogotá es muy difícil, excepto cuando uno frecuenta los mismos espacios y en los mismos tiempos (por ejemplo los estudiantes de una misma universidad o los ejecutivos en un mismo sector financiero). Más dicícl es encontrarse con los extraños perfectos.

Este fin de semana sucedió algo fuera de lo común. Estaba con mi prima en un bus yendo a La Lupe (94 con 15) a rumbear, depronto una niña nos preguntó si erámos brasileros. Respondimos que sí, en un cómplice intento por no tener que revelar que yo no soy de la tierra del fútbol y el samba. Ella dijo, que pena, es que yo viví allá, cinco años, en una ciudad llamada Recife.

Depronto el corazón dio un brinco de alegría y emoción. Recife es, en efecto, la ciudad de donde proviene mi familia. La conversación comenzó con un simple recuento de los lugares más importantes de la bella capital costera. En un momento hablamos de los planes nocturnos y cuando nos dimos cuenta estábamos bajandonos cuatro personas del bus en la 11 con 93, mi prima, la colombiana que vivió en Brasil, una amiga de ella y yo.

La noche fue muy sabrosa, sobre todo porque descubrimos que esos encuentros casuales dan energía al cuerpo y alegran el alma. Cosas que sólo pasan en Bogotá, en un bus, un sábado, a las 9 de la noche. Y eso que vivimos en un lugar inseguro, y eso que la gente en Colombia es desconfiada, y eso que uno debe estar atento a esa gente tan querida... como dice la canción de Arjona, la noche te trae sorpresas... ¡a mí me regalo dos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario