domingo, 1 de junio de 2008

La desconocida

En Colombia es difícil encontrar en las salas de cine algo más que comedias, dramas o thrillers de terror gringos, o la repetición de las historias de narcotraficantes, que a los productores nacionales les encanta patrocinar. Por eso, muchos damos un suspiro de alegría cuando encontramos en el cine historias como la de Irena Yaroshenko, el personaje central de La desconocida.

Mientras uno está en la sala aprecia la excelente actuación de Kseniya Rappoport, quien en su actuación nos muestra las desgracias de ser inmigrante en un país donde las mafias dominan la vida de aquellos que no tienen como comer. El papel de Irene no sería nada sin un elenco secundario tan bueno como el de la película y sin un libreto que juega con el espectador.

Cuando uno sale, sonríe porque descubre que Tornatore logra engañar a los espectadores con sus juegos de suspenso y deja un par de historias sin solución. Además el shock que producen las fuertes escenas y la historia misma no deja que uno se sienta desilusionado con un final épico que sobra.

Ir a ver La desconocida es, en mi opinión, quejarse de las políticas migratorias de Berlusconi y una oportunidad para ver que las historias del cine se construyen en la cotidianidad de todos, no sólo de los narcos, como nos quieren hacer creer los directores colombianos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario