domingo, 22 de junio de 2008

Es ridículo

Tal vez nunca me imaginé que iba a sentarme frente a un teclado y escribir una entrada de mi blog dedicada a mi hermano. Porque él y yo somos muy diferentes y porque nuestra relación nunca ha sido fácil.

Sin embargo, hoy lo hago porque me parece el colmo que él no pueda estar en la calle porque hay gente que no soporta la forma como él lleva el cabello o como se viste. Debo confesar que tampoco soy amante de sus dreds y mucho menos de ese intento de vestirse como pordiosero cada vez que puede, pero eso no me da derecho a pegarle o a hacer algo más allá que expresarle mi opinión al respecto.

Creo que cuando uno escoge un estilo de vida uno asume las responsabilidades que eso implica. Por eso muchas veces para mí es difícil parame frente a la gente y contarles que estoy aprendiendo a ser feminista, o que no soy tan de derecha como muchos quieren que yo sea y mucho menos soy de izquierda como a otros les gustaría creer. Esa es la razón por la cual yo muchas veces evito la confrontación política dentro de la Universidad Nacional. Pero eso no significa que uno sea responsable por el odio que la sociedad ha plantado en los demás.

Yo soy pacifista, creo que pocas veces le he dado golpes a otra persona, es más el que más ha recibido mis golpes ha sido mi hermano, quien también siempre ha tenido mi apoyo y mi amor. Por eso, cuando me contó que ayer a él y asus amigos casi los matan por el hecho de tener unas ideas políticas y una forma de verse diferente a la de unos niños me dolió en el alma.

Yo sé que muchas veces no es fácil expresar lo que uno siente, por eso antes de pedirle disculpas a mi hermano por esta sociedad de odio en la que vivimos quiero decirle que lo que él decidió hacer y ser es muy importante para mí. Ojalá en un futuro podamos todos salir sin que nos juzguen, ojalá un día Bogotá sea un lugar CON indiferencia, así podremos ser y hacer lo que le plazca sin que los otros lo juzguen... y mucho menos lo ataquen.

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