sábado, 15 de marzo de 2008

Diatriba contra el Facebook

Te odio. Lo sé, hace un año, hace seis meses, incluso hace una semana no habría sido capaz de escribir estas palabras. Pero es que tengo que confesar que la adicción que me produce tu red social me tiene al borde de la locura. Lo peor es que tengo que decirle esto en la cara a miles de personas que entraron a tu sistema por mi culpa.

Conocí tu mañas por primera vez a finales de 2005, cuando una amiga que odia el protocolo html tanto como yo, me invitó a ver una red social limpia y homogénea. Fue un amor a primera vista. Me conquistaste de inmediato, sin embargo, el compromiso inicial era pobre, te visitaba una vez cada que me acordaba que existías.

Cada vez que entraba encontraba la invitación de algo interesante. Primero estaban los amigos gringos de hace siglos que me pedían que reanudáramos nuestra amistad a través de tus páginas. Después, llegaron los grupos; ahí creo que en serio te robaste una parte de mi corazón y mi cerebro, porque me metía a cuanta cosa aparecía.

El clímax de nuestra relación fue cuando la gente de Colombia se empezó a meter. Comenzaron un par de amigos javerianos que descubrieron la página a través de invitaciones que los tontos que habíamos caído en tus garras enviábamos a los e-mail. Luego, se unieron porque oyeron que había llegado una respuesta a las súplicas de un espacio decente para tener amigos online o con la promesa de espiar las actividades de los amigos.

Ahora me da rabia pensar que eso es justamente me hace amarte y odiarte al mismo tiempo. Cada vez que me entero de cosas que les suceden a mis amigos por Facebook antes que en persona, me da desespero. Cuando veo en la pantalla de mi computador las fotos de una fiesta que no ha terminado o de un paseo que está en curso pienso en lo desocupados que somos los que participamos de este mundo posmoderno.

Evitarlo, imposible. Yo mismo tengo miles de fotos y videos en la página que tú me prestaste. Ahí están las celebraciones, los eventos, incluso los amigos que uno no ve hace siglos o a los que en la “vida real” no soporta. Mi vida no existe sin ti, pero la vida que llevo contigo es falsa. Por eso me gustaría tener las agallas para sacarte de mi vida para siempre.

Pero no puedo. No tengo la fuerza. Eres indispensable. Por eso, mañana cuando visite el psicólogo por primera vez en toda mi existencia, vas a tener las orejas rojas de tantas cosas que voy decir. Pero al final de la tarde, cuando esté frente a mi computador vas a ser lo primero que visite a través de explorador. Te amo. Te odio.

3 comentarios:

  1. Oye, qué enfermedad la que acabas de escribir.

    ResponderEliminar
  2. Los síntomas cada vez son mayores.... una pandemia se avecina... y no podemos hacer nada (por el momento) contra él... porque es demasiado enviciante, relajante, entretenido..... la única cura... una red social peor... que nos tendrá en estas dentro de algún tiempo.....

    ResponderEliminar
  3. tras mil años de atraso en leer este post, no me queda claro qué es lo q odias y mencionas en el segundo párrafo

    el protocolo es http, y gracias a eso los servidores te responden cuando das click en algún lado especial de las páginas (links y cosas así)

    html es un lenguaje de marcas mediante el cual el explorador sabe qué mostrarnos y cómo; es el mierdero ese que ves cuando dices "ver código fuente de la página"

    ResponderEliminar